Aunque su historia fuese escrita años atrás, esta serie sigue la estela de “Crepúsculo” en toda su concepción y estilo, enfocada hacia un público adolescente que quiere más de lo mismo y entregando un producto que tiene su potencial pero se pierde en un pésimo diálogo y en un desarrollo al que le cuesta arrancar y que luego lo intenta demasiado, no consiguiendo nunca ser realmente interesante y cautivador.
Elena es una joven de diecisiete años que en el pasado verano perdió a sus dos padres. Vive con su hermano y a cargo de su tía en un pequeño pueblo de Estados Unidos. Rápidamente se siente atraída por Stefan, un misterioso joven que acaba de llegar al pueblo quien en realidad es un vampiro de más de ciento cincuenta años y que ha regresado a su localidad natal buscándola a ella. Pero con Stefan llega su hermano mayor, otro vampiro pero despiadado y sin escrúpulos que se sigue alimentado de humanos y eternamente enfrentado con su hermano pequeño.
Esta serie de televisión podría haberse titulado fácilmente “Crepúsculo: la serie” a pesar de que no comparten ninguna fuente en común. Ambas son muy parecidas en estilo y temática, una chica de instituto enamorada de un vampiro y envuelta con su familia, pero la verdad es que si hay algún tipo de clara influencia es seguramente a la inversa. Cierto es que “The Vampire Diaries” se ha aprovechado de la estética y tono que tanto éxito de público le ha reportado a “Crepúsculo” al ser trasladada en imágenes, pero lo cierto es que Stephenie Meyer escribió su saga romántico-vampírica de “Crepúsculo” catorce años después que la triología de L. J. Smith, titulada en castellano “Crónicas Vampíricas”, que no hay que confundir con la saga de Anne Rice. Los vampiros vuelven a estar de moda y no han asaltado únicamente el cine, “True Blood” llego primero a la pequeña pantalla y “The Vampire Diaries” le sigue enfocándose hacia un público más adolescente. Combinando la típica trama de instituto americano junto con un relato de vampiros la serie se mueve entre el culebrón y el género fantástico con comodidad. En un principio le cuesta encontrar su ritmo y su propia trama, tardando en exceso en pasar de la presentación y entrar en la acción descrita en los libros. Superados los primeros capítulos, la serie cobra mayor interés que el que inicialmente despierta pero tampoco logra ser notable en ningún aspecto. No sabe cómo crear tensión y el conjunto es blando y anodino en demasiadas partes. Parte de la responsabilidad recae en las actuaciones. Paul Wesley, quien encarna al vampiro bueno, resulta lo lo más soso y falto de carácter que se ha visto desde hace bastante tiempo, Nina Dobrev, el objeto del deseo de los dos hermanos se ve excesivamente deslucida por el diálogo que le toca recitar, que en general en la serie es más que mediocre pero las líneas de diálogo de su personaje son especialmente horrendas. Únicamente Ian Somerhalder, quien tiene el jugoso papel del vampiro oscuro, aporta algo de magnetismo y encanto a su personaje y a la serie, resultando ser lo más entretenido e interesante.
A la serie le falta energía y chispa pero tiene una trama que, superado el impase inicial, siempre ocurre algo y avanza, y a pesar de que no sabe manejar bien el ritmo puede resultar atrayente a aquel público al que realmente le gustó “Crepúsculo”. |