Apostando más por los excesos que por una historia, esta serie abusa de su violencia digital estilizada, de sus litros de sangre y de sus continuas escenas de sexo y desprecia cualquier atisbo de narración coherente y niega un mínimo desarrollo a sus personajes. Sin tampoco contar con ningún elemento original, su desmesura sería incluso divertida si la serie no tuviese la pretensión de ser tomada en serio.
Liderados por un guerrero, los soldados de un pueblo se alían con Roma para defender su hogar de una invasión. Formando prácticamente parte del ejército romano son traicionados por su representante en el momento clave y desertan para ir a defender a su gente. Él llega a tiempo para salvar a su mujer pero no a su aldea pero es capturado por Roma y sentenciado a muerte por su traición. Su sentencia se cumple en la arena como espectáculo para el pueblo pero en contra de todo pronóstico sobrevive al combate contra cuatro gladiadores. Su vida se le es perdonada para que sea entrenado como gladiador, que será conocido como Spartacus. Mientras su fama crece en la arena su único deseo es reunirse otra vez con su mujer sin importarle quiénes ni cuántos se interpongan en su camino.
Lo que no se le puede negar a esta serie es que entrega lo que promete. Es promocionada como lo nunca visto en televisión y explota sin ningún tipo de reparos sus tres pilares: sangre, violencia y sexo. Calcando con menos medios tecnológicos y económicos el estilo de las batallas de “300”, añadiendo cantidades exageradas de sangre generadas por ordenador en cada posible plano y conteniendo más desnudez que en “Calígula”, se ha construido una serie olvidándose de que tendría que haber una historia detrás. El crear un estilo abusando de la violencia y el sexo no es un problema en sí pero debería estar empleado al servicio de unos guiones que justificasen mínimamente su utilización y no pareciese que se emplean para esconder la falta de ideas. Tan pobre es el concepto en el que se basa esta serie que sorprende que Ridley Scott no haya demandado a los productores de “Spartacus” por plagio, ya que el inicio de la serie es un más que una mala fotocopia. A partir de ahí la serie intenta avanzar por sus propios medios intentando imitar algo parecido a un desarrollo con poco éxito. Como mínimo copia modelos que ya han triunfado antes sin ocultarlo y a pesar de que los caricaturiza con su excesivo estilo, el recuerdo de estas películas y series resulta lo mejor de “Spartacus”. Como protagonista se ha elegido al prácticamente desconocido Andy Whitfield, quien da no únicamente el físico y sino también cierta entereza a su personaje, y como secundarios destacan Craig Parker, John Hannah, quien nunca parece cómodo con su personaje y la televisiva Lucy Lawless.
“Spartacus” es una serie que será conocida por sus excesos más que por sus actores o narración y tiene la pretensión de alegar calidad por emplear los mismos hasta la saciedad, sin caer en la cuenta de que su gran error no es su estilo, es su falta guionistas competentes que sepan desarrollar una historia con un mínimo de interés y coherencia. |