Esta serie dramática que combina el mundo de los espías con la idea de Jeckyl y Hyde no consigue encontrar un equilibrio ni sabe mostrar lo que reamente pretende, aunque la producción sea de calidad y los actores de primera fila.
En el cuerpo de Christian Slater conviven dos personalidades aisladas. Una es un informático de clase media y otra es un espía imparable. El cambio entre una y otra lo controla la secreta organización para la que él trabaja. Los problemas empiezan cuando este cambio empieza a ocurrir de forma aleatoria influyendo en la vida de ambos y levantado las preguntas sobre quién es realmente y que es real en la vida de ambos.
Aparte de ciertos vacios en el guión, como la razón de ser del doble personaje en un cuerpo, el mayor problema de esta serie es que serie se produjo sin tener claro cual era el tono más adecuado. En ningún momento cede y provoca alguna escena graciosa ya que siempre quiere ir hacia un tono dramático. El drama en sí no existe, ya que no hay ningún tipo de conflicto ni profundidad en los personajes. Simplemente la trama consiste en solucionar los malentendidos creados por la situación mezclados con un poco de acción. La disputa interna de las dos personalidades es mínima, superficial y llega hasta ser repetitiva. En sí, la serie no es mala, pero no tiene claro como quiere tratar a sus personajes ni a dónde dirigirse tras su planteamiento inicial, con lo que no sorprende la poca vida que le ha otorgado la cadena productora. |