Con el peso de un actor conocido, algo de incorrección puritana y un tono amable, esta serie intenta ser un entretenimiento con chispa pero se queda blando en su desarrollo y anodino en demasiadas partes. Sólo su actor Thomas Jane y su contrapunto Jane Adams mantienen “Hung” a flote.
Ray Decker, el hombre más popular en su instituto, se encuentra en su mediana edad divorciado y sin dinero. Para colmo, su casa ha resultado destruida en un incendio y vive en una tienda de campaña instalada en su jardín. A través de un curso de motivación personal encuentra la única forma en la que él cree que puede ganar dinero, y es utilizando la única cualidad por la que cree destacar: su gran pene. Con la ayuda de una compañera de clase que empieza a ejercer de representante, Ray se inicia en el mundo de la prostitución masculina.
El punto de partida de esta serie es en sí fácil y si se piensa un poco, insultantemente simple. Un hombre amable y con encanto se quiere meter en la prostitución como solución a sus problemas, todo narrado en clave de humor y con excesivo respeto hacia el personaje. La serie está concebida para reírse de las situaciones que se puede encontrar al iniciarse en esta profesión y el juego que pueda dar la vivacidad del protagonista. Lamentablemente, las historias son blandas y narradas con un humor sencillo y demasiado soso. El actor Thomas Jane cumple su función encarnado al personaje central y dándole cierta entereza, pero a los guiones les falta ingenio y chispa. “Hung” parece carente de vida excepto en las escenas que juntan a Jane y la actriz Jane Adams, únicos momentos en los que un mínimo de energía hace acto de presencia. En sí la serie no es aburrida pero nunca consigue realmente entretener, se deja ver pero esto es sólo gracias a los actores y a algún momento conseguido, a pesar del lastre que supone los bajos niveles tanto de humor como de historia que presentan los guiones. |