Esta pareja de abogados interpretada por Brecklin Meyer y Mark-Paul Gosselaar divierte y entretiene, siendo una amena distracción que se apoya en su liviandad y frescura. Podría haber madurado un poco más pero prefiere potenciar su ligereza cómica que el desarrollo de sus situaciones y personajes.
Sinopsis: Jared Franklin y Peter Bash son dos abogados y amigos durante años que, con un estilo propio, defienden los casos más variopintos. Tras ganar uno importante, el jefe de una consolidada firma legal les ofrece entrar a trabajar para él, accediendo a que mantengan su idiosincrática práctica de la abogacía.
Si alguien se pensaba que solo los detectives policía venían en parejas, este año los abogados también vienen de dos en dos. Al igual que en por ejemplo la serie "Suits", "Franklin & Bash" presenta las andanzas de dos abogados por la jungla legal. En el caso de esta serie, son dos amigos de infancia que tienen una visión muy particular de lo que supone el rigor y el ceremonial en los juicios. Muchos de los momentos judiciales más amenos son poco creíbles en cualquier caso pero poco importa, la serie nunca pretende tomarse demasiado en serio a sí misma y toda la parafernalia de abogacía es simplemente una excusa en cada episodio para explotar la chispa de sus personajes, la química entre ellos y de paso, añadir un poco de parodia de juzgado.
Ello hace indudablemente que "Franklin & Bash" sea entretenida, divertida y amena. Es evidente que tiene un punto de frescura y liviandad muy bienvenido pero al mismo tiempo la serie es completamente olvidable. Si alguien busca desconectar durante tres cuartos de hora, ver un episodio de estos dos abogados es una buena forma de conseguirlo. Si se espera ver algo que haga esperar el siguiente capítulo con cierta expectativa, mejor volver a engancharse a "Los Sopranos", "Mad Men" o "Dexter".
"Franklin & Bash" cuenta con cierto ingenio en su escritura. Los guiones funcionan y cada capítulo es una mezcla ajustada de excusa narrativo en forma de caso, humor, picardía y de un mínimo de desarrollo de los personajes. Ciertamente esto último es esporádico y esquematizado, algo que hace que los personajes, por atractivos que puedan resultar, nunca lleguen a ser completos ni a calar verdaderamente. Un mayor uso de los personajes secundarios no estaría mal y daría a la serie un poco más de espacio y no tener como única baza el diálogo que sale de sus dos protagonistas, el cual es en ocasiones altamente ingenioso y en otras simplemente funcional.
Uno de los secundarios que más aparecen es el jefe de los dos principales interpretado por Malcolm McDowell. Puede que el actor de origen británico no tenga la misma garra que cuando rodó "La naranja mecánica", pero es capaz de aportar mucho más y de forma menos caricaturizada. Más cómodos se encuentran Breckin Meyer y Mark-Paul Gosselaar en el papel de Franklin y Bash respectivamente, aunque podría ser a la inversa perfectamente. A la serie le importa tanto este detalle de dar personalidad a los personajes que uno puede confundir quién es quién durante varios capítulos.
En todo momento los actores y responsables de esta serie tienen claro que este es un mero producto de entretenimiento cuyo gran objetivo es intentar divertir. Esta falta de pretensiones es la gran baza de la serie, ya que le permite explotar sus puntos fuertes marcados por cierta ironía e ingenio en sus diálogos y en algunas de sus situaciones sin tener que preocuparse mucho en el componente dramático, el cual le obligaría a tatar a sus personajes como seres humanos. Aunque podría ser un poco más inteligente y completa, es lo suficientemente divertida. |