Una gran actuación de Paul Newman da más motivos de los necesarios para ver este convencional drama judicial poco difundido, a pesar de su nominación al Oscar como mejor actor.
“The Verdict” nos presenta al abogado Frank Galvin, interpretado por Paul Newman, en el último escalón de su carrera. Alcohólico, solo y derrotado. Pero un último caso que llama a su puerta se presenta como la última oportunidad para su redención. Con el ritmo lento que marca la dirección de Sidney Lumet y apoyado sobre un guión de David Mamet, asistimos al resurgimiento del personaje central a medida que avanza el juicio.
Siempre se ha considerado esta cinta como uno de los grandes dramas procesales. Pero la trama y la acción judicial no son nada especial. No es un proceso ni complicado, ni sorprendente ni que marque un antes y un después. Es un litigio más, otro pequeño caso que se presenta a un juzgado. Pero ésta no es una película sobre un juicio, es un filme sobre un personaje. Y en ese aspecto, Paul Newman proporciona una interpretación llena de profundidad y de matices que enriquecen a la figura protagonista. En el fondo, su actuación es la película y gracias a su magnífico trabajo, es una notable cinta de estudio de personaje apoyada por un buen guión que no interfiere con historias supérfluas.
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