Thomas McCarthy vuelve a dirigir una notable combinación e comedia y drama basado en personajes y en la interacción que se crea entre ellos a partir de una situación tan convenientemente ideada como llena de chispa En el centro del filme se encuentra Paul Giamatti entregando otra magnífica y completa interpretación, algo en su caso fácilmente confundible en una costumbre en vez de un logro.
Sinopsis: un abogado desapasionado por su profesión que tmabién es entrenador de lucha libre. Tras una racha de derrotas y mediante un trato cuestionable, se encuentra con una joven promesa. Pero la situación se complica y amenenaza la situación ganadora que ha cerado cuando aparece la madre del joven, sin dinero y recién salida de un centro de desintoxicación.
Es difícil asociar el trabajo interpretativo de Thomas McCarthy con su labor como director. Habitual en pequeños papeles secundarios en grandes producciones como "2012", "Duplicity" o "The Lovely Bones", McCarthy ha dirigido hasta la fecha un total de tres películas en las que aúna sensibilidad y humanidad, sea en tono dramático o en una narrativa llena de ironía y humor negro. En 2003 sobresalió al dirigir "The Station Agent (Vías cruzadas)" y en 2007 volvió a mostrar la misma habilidad con "The Visitor", el cual le valió una nominación al Óscar como mejor actor a Richard Jenkins, quien hasta la fecha era otro habitual de papeles secundarios en multitud de filmes. En "Win Win" el director vuelve a centrarse en su idea sobre la formación de familias atípicas sin tener en cuenta vínculos sanguíneos, aunque esta vez lo hace desde una vena mucho más ligera.
"Win Win" es una comedia que se aprovecha de su poco probable planteamiento y a partir de una situación fácilmente explotable, construye una inteligente e ingeniosa fábula moral llena de chispa y encanto. La película siempre se mueve en terrenos conocidos y no toma ningún riesgo, todo encaja a la perfección y las piezas se suceden de forma perfectamente sincronizada, algo que con simpleza podría haber hecho de este filme una comedia convencional y poco inspirada pero sorprendentemente, es mucho más.
Thomas McCarthy consigue que al espectador le importe realmente cada uno de los personaje, les da complejidad a todos ellos y los trata con cariño y humanismo a pesar de sus imperfecciones. Este filme posee corazón y lo tiene en el sitio correcto, enmascarado por el tono ligero de la narración y algunos momentos realmente divertidos. El guión del propio director es una nueva muestra de su tremendo pulso para entremezclar comedia y drama basado en personajes centrales, siendo esta vez posiblemente su escritura más limpia y perfilada pero a la vez conteniendo un desarrollo excesivamente ajustado a conveniencia.
Ello da un mejor flujo narrativo y una mayor ligereza en el tono pero oculta ligeramente su carga y lo notablemente bien que están construidos los personajes y sus relaciones. Ello es aprovechado de forma completa por Paul Giamatti, un actor que con mucho menos hace milagros y que con un personaje bien confeccionado parezca incluso que no esté actuando dada la naturalidad que demuestra, como es el caso aquí. Su interpretación es perfecta hasta el punto que no eclipsa a sus compañeros de reparto como Amy Ryan o Jeffrey Tambor sino todo lo contrario, los ensalza cuando él está en escena.
La excelente y ya habitual labor de Paul Giamatti es lo más fácilmente visible en este filme, una comedia ligera que sabe entretener de forma inteligente y que además sabe desarrollar su vena dramática sin excentricidades y dando peso a una nueva historia de un director que construye personajes y vínculos emocionales ente ellos poco pocos directores del panorama actual. |