Con la misma validez que su predecesora, esta secuela de “Wall Street” dirigida por el propio Oliver Stone entra de lleno en el mundo financiero actual con estilo, espíritu crítico y una entretenida historia a la que sorprendentemente le falta más mordacidad y le sobran ciertos idealismos desubicados. Michael Douglas repite en uno de sus roles más conocidos aunque lamentablemente el protagonismo recae en Shia LaBeouf, correcto pero no magnético como Douglas o incluso Josh Brolin.
Jake es un joven bróker de Wall Street especializado en energías renovables que vive con la hija de Gordon Gekko, puesto en libertad siete años atrás y de quien ella no quiere saber nada. Tras el colapso de su compañía y de su mentor, Jake decide vengarse de quien es responsable a la vez que entra en contacto con Gordon, al que ayuda a intentar reconectar con su hija. En pleno proceso, la burbuja económica de 2008 se rompe y sacude los mercados.
En 1987 el realizador Oliver Stone presentó una película que no únicamente mostraba el peculiar y agresivo mundo de las finanzas sino que además marcó cómo éste iba a ser mostrado a partir de ese momento. Brokers bebiendo constantemente café que hablan de forma rápida y directa, que juegan con millones en segundos y viven pegados al teléfono son una de las imágenes más nítidas que dejó “Wall Street”. La segunda y clara representación que proporcionó el filme fue en referencia a los peligros que tenían y falta de control que dominaban los mercados y el sistema financiero del momento. La realidad ha demostrado que se puede superar a la ficción dándole total validez a esta nueva película “Wall Street: el dinero nunca duerme”, primera secuela en la carrera de Oliver Stone.
La película toma los personajes escritos por el realizador pero Oliver Stone no ha intervenido en la confección del guión. Sí se notan su estilo narrativo y su dirección, aunque a pesar de tener una semejanza en forma y fondo con la primera parte, esta nueva historia no tiene ni la fuerza ni la crítica que tenía el filme de 1987. Ciertos elementos de partida son demasiado fáciles, como que uno de los principales protagonistas es seguramente el bróker más bondadoso e idealista de la historia, la hija de Gekko no quiere saber nada de dinero, odia a su padre pero se quiere casar con un bróker, el suave final del filme es una decepción y la película tiene una menor agresividad de la esperada contra respecto al tema que trata.
A pesar de ello, la historia es lo suficientemente interesante como para sostener con facilidad un visionado, dejar clara su posición y ello resultar en un entretenido filme que además tiene el valor añadido de contar con Michael Douglas.
El actor retoma uno de los papeles que más popularidad le ha dado y al que le vuelve a dar el magnetismo, la energía y la redondez que su Gordon Gekko tenía en la primera parte. A pesar de ser lo mejor de la película y el personaje más atractivo, en esta ocasión no es el protagonista. Shia LaBeouf es teóricamente el cabeza de cartel al ser el que más minutos en pantalla tiene y, sin resultar una mala elección de casting, no tiene la presencia de Douglas. El reparto también incluye a Josh Brolin encarnando a un nuevo villano en esta función financiera, estando una vez más a un alto nivel. El equipo actora se completa con solidez con Carey Mulligan, Frank Langella y Susan Sarandon.
“Wall Street: el dinero nunca duerme” no tiene la misma fuerza, dinamismo y fascinación de su predecesora pero posee mucha más validez después de los acontecimientos recientes a pesar de la flacidez ocasional de su guión y tiene además a un Michael Douglas en perfecta forma, siendo su aporte muy superior a otros elementos del filme. |