Este film sobre la deconstrucción de la identidad de una persona y su fuga del mundo está hecho con interesantes elementos y una inteligente intención aunque los saltos y cortes narrativos, también presentes en la novela en la que se basa, hacen que pierda mucha de su intensidad. La actriz Isabelle Huppert vuelve a ponerse bajo las órdenes de Benoit Jacquot, dando todo el poso de complejidad que su personaje requiere sin por ello conseguir penetrar en él.
Ann, una concertista de piano, sigue una noche a su actual pareja con la que convive y le ve besándose con otra mujer. En ese momento toda su vida se resquebraja y decide cambiar de existencia para encontrarse a sí misma. Únicamente con el nexo de un amigo de juventud, Ann abandona su trabajo, vende progresivamente todas sus pertenencias, su piso y emprende un camino para desaparecer dentro del mundo.
La premisa de “Villa Amalia” es enormemente sugestiva pero al mismo tiempo extremadamente complicada de llevar a cabo con gran éxito. Su planteamiento es el de ir quitando uno tras otro los pirales fundamentales no solo en la vida sino en la personalidad de un personaje, que empieza siendo su pareja, continua con su trabajo, su piso, sus pertenencias, etc., hasta quedarse con nada. Luego, con esta hoja en blanco, esta persona se intenta volver a encontrar y construir una nueva persona. Es muy complicado mostrar este proceso psicológico, esta deconstrucción gradual y el nuevo yo de una forma completa, y el filme no lo logra. Consigue mostrar acciones y hacer intuir lo que está pasando dentro del personaje pero nunca atraviesa la barrera de frialdad que éste proyecta. El interés de la película reside en su premisa, aunque esta haya resultado ser excesivamente ambiciosa y únicamente se haya podido mostrara la superficie y muy poco del fondo de esta personal historia. El filme se basa en una novela Pascal Quignard, la cual también presenta varios problemas de construcción y sufre especialmente de saltos narrativos y cortes inexplicados y abruptos tanto en la acción como en los diálogos. Esto también está presente en el filme de una forma minimizada y aunque es intencionado, añade una innecesaria y artificial complejidad que le resta fluidez y fuerza.
El director Benoit Jacquot ha vuelto a contar por quinta vez con la actriz Isabelle Huppert (“La pianista”, “Extrañas coincidencias”), alguien capaz de transmitir con su presencia la sensación de que hay mucho más escondido detrás de la fachada pero la cual se acaba mostrando excesivamente impenetrable.
“Villa Amalia” es una interesante idea llevada a cabo de forma correcta pero demasiado alejada del centro de su personaje, algo que se deja ver ocasionalmente pero demasiado encerrado por la frialdad formal de un filme que pretende proyectar mucho más. |