Con una inusual forma de aproximarse a un trágico hecho real, este documental de animación tiene tanta fuerza visual y emocional como las mejores películas que tratan los horrores de la guerra. Contiene además una gran carga humana y un ejercicio de memoria histórica inteligentemente construido que hizo que esta cinta fuese uno de los primeros documentales y filmes de animación nominado a los grandes premios en la categoría de mejor película.
Una noche en un bar, un antiguo amigo del director israelí Ari Folman le cuenta que tiene un sueño recurrente sobre veintiséis perros persiguiéndole, que se encuentra relacionado con su participación en la Guerra del Líbano. Rememorando los eventos, Ari se sorprende de que él no pueda recordar nada específico acerca de ese periodo de su vida y decide visitar a antiguos camaradas que estuvieron con él para que le ayuden a recuperar sus recuerdos. Motivado por la necesidad de descubrir la verdad, Ari se va aproximando al centro oculto de su memoria, los hechos bajo dominación israelí de la matanza de dos campos de refugiados en Beirut.
Este personal y autobiográfico ejercicio de memoria del director Ari Folman sobre su búsqueda de sus propios recuerdos y participación en la Guerra del Líbano de principios de los 80 es, en realidad, un sobresaliente retrato de las secuelas que arrastra el soldado común y también de las que afectan a la sociedad de Israel, pero a la vez que son extrapolables a cualquier conflicto bélico. Ari Forlam opta por combinar una estructura de documental en la que él es protagonista, y a su búsqueda y sus entrevistas les da un trato prácticamente narrativo y emplea el cine de animación para recrear todas las imágenes, tanto reales como oníricas, que reconstruyen los hechos olvidados. Visualmente el filme es magnífico y aunque pueda sorprender el usar la animación para mostrar unos hechos reales trágicos, su extraña belleza funciona perfectamente y hace sentir toda la carga emocional que el filme quiere recrear. Su gradual proceso de recuperación de los acontecimientos que llevaron a la masacre de los campos de Sabra y Shatila por parte de milicias cristianas protegidas por el ejército israelí está perfectamente construido y únicamente le es reprochable que no da un paso más firme sobre las implicaciones del gobierno ni en el más que seguro sentimiento de culpa de los soldados que se encontraban allí.
“Vals con Bashir” es en cualquier caso un poderoso y desgarrador retrato de una oscura guerra y de las heridas que el soldado común lleva consigo toda su vida tras participar en un conflicto bélico, algo hecho con sensibilidad, pulso y con un aspecto visual poco convencional pero magníficamente empleado. |