Los hermanos Coen se acercan al género del western con respeto y maestría, volviendo a adaptar una novela que dio lugar a una de las grandes películas del género y demostrando que una nueva visión de una historia puede resultar en un filme igual o superior que un gran clásico. Jeff Bridges hace suyo de una forma magnífica un papel inmortalizado por John Wayne y la joven de trece años Hailee Steinfeld resulta toda una revelación.
El padre de Mattie Ross ha sido asesinado por Tom Chaney y las autoridades locales poco esfuerzo van a poner en su captura. Tras recoger su cadáver, Mattie contrata al Marshall Rooster Coburn, aficionado a la bebida, a no hacer prisioneros y de moralidad dudosa, para ir en su busca. Juntos se adentran en un territorio peligroso y a la caza se une el Ranger La Boeuf, quien quiere también capturar Chaney y cobrar la recompensa que hay por él en Tejas, poniendo en peligro el tipo los planes de justicia que tiene la joven Mattie.
En 1969 y un año después de su publicación, la novela “True Grit” escrita por Charles Portis fue adaptada a la gran pantalla. Cambiando ligeramente el tono y alguna parte, la película supuso la consolidación de una leyenda del séptimo arte. El papel de Rooster interpretado por John Wayne no es seguramente su rol más icónico sino el que también el que le valió un Óscar. La idea de que los hermanos Coen realicen una nueva versión de uno de los westerns más conocidos puede, como mínimo, parecer curiosa. Esta pareja de cineastas son grandes maestros de la comedia y el thriller, con un estilo propio cargado de humor negro, dureza y algo de absurdo, con una narrativa tan personal que incluso su propio apellido ya es un adjetivo descriptivo de unas señas de identidad. Pocas veces los Coen hacen una película mediocre y muchas veces realizan títulos que se consideran nuevos referentes pero mayoritariamente tiene un punto en común y es su originalidad. Por esto su “Valor de ley” es toda una sorpresa, es un western directo, contundente y fiel a la tradición del género, sin grandes sorpresas ni excentricidades, que emplea el lenguaje del western clásico y es innegable que los Coen demuestran que incluso cuando se adentran en otros terrenos, como el western, siguen siendo dos maestros del cine.
Esta nueva adaptación de “True Grit” inevitablemente es comparada con la versión de 1969, aunque una no es un remake de la otra. Los Coen vuelven a la novela original y respetan el estilo y mayor contenido que en la película anterior y, por diferentes méritos, una cinta es igual de memorable que la otra. En la película de 1969, la figura que resaltaba era el personaje de Rooster y la presencia de John Wayne dominaba la pantalla. Es admirable que Jeff Bridges se haya metido en la piel de un personaje tan recordado por los seguidores del género y a pesar de que la sombra de John Wayne puede pesar enormemente, Bridges entrega una composición diferente y una interpretación sobresaliente. Pero la gran diferencia entre ambas versiones es que esta película de los hermanos Coen no es propiedad del personaje de Rooster, es de Mattie Ross y la actriz novel que lo interpreta, Hailee Steinfeld. Ella no solo es la protagonista indiscutible sino toda una revelación, con solo trece años cuando rodó el filme. El reparto principal lo completa Matt Damon en un papel más sencillo y que el actor hace menos vistoso, siendo un buen aliciente pero no pudiendo competir con un actor de la envergadura como la de Jeff Bridges y con la perfecta principiante Hailee Steinfeld. También hay que decir que, con acierto, nunca lo intenta.
La película casi siempre orbita alrededor de los tres personajes principales, apareciendo Josh Brolin en pantalla mucho menos de los que uno se espera, viendo el tráiler. “Valor de ley” es una película de personajes, a los que se les da tiempo, espacio y sobretodo, mucho y buen diálogo. Apoyándose en ellos, la película crea un gran dinamismo en las relaciones entre ellos y también una creciente tensión narrativa, haciendo que el filme sea absorbente de principio a fin.
No obstante “Valor de ley” únicamente se puede disfrutar enteramente si uno es un amante del género, ya que el filme es en todo momento un western con todo lo que ello implica. La dirección de los Coen es impecable dentro del estilo del género y no al revés. No reinventan un lenguaje sino que lo emplean con la habilidad que pocos cineastas poseen, logrando de sus actores no solo loables interpretaciones sino en conjunto una de las mejores incursiones al lejano oeste vistas en muchos años. |