Esta mezcla de comedia y drama ligero explota la absurdidad de la unión de dos personajes singulares con un tono más bajo del que promete inicialmente, pero siempre posee un aire amable capaz de atraer hacia una historia que básicamente ofrece a un personaje central perfilado de forma amena y humana, permitiendo que Ricardo Darín lo haga suyo y entregue a la película su razón de ser, que es la presencia del propio actor argentino.
Sinopsis: Roberto, un recluso propietario de una ferreteria en Buenos Aires acoge a un inmigrante chino que ha llegado a la ciudad buscando a un familiar suya tras el fallecimiento de su prometida por causas poco habituales. La búsqueda del tio de Jun y su convivencia durante unas semanas tiene un gran impedimento, Jun no habla más que chino.
Hay un buen número de películas que directamente entran en una categoría debido al actor que las protagoniza, independientemente de su trama, estilo o incluso calidad. "Un cuento chino" es claramente una de ellas, un filme mediano que básicamente es conocido por ser la nueva cinta de Ricardo Darín, algo que resume con facilidad lo que esta comedia ofrece aunque no por ello hay que menospreciarla, ya que a pesar de tener un guión poco inspirado entre manos, el actor argentino es siempre una presencia en pantalla más que grata y capaz de levantar cualquier filme.
Al conocido actor se le une una vaca y un inmigrante de origen chino, aunque a pesar de poder parecer que quiere jugar con cierto humor absurdo y explota la barrera idiomática entre los dos protagonistas con ironía, la película siempre intenta moverse en una fina línea entre el drama que arrastran sendos personajes y la comicidad de sus personalidades. "Un cuento chino" no es una comedia que sea realmente divertida, tiene cierta gracia y en todo momento provoca una sonrisa pero su tono humorístico es relativamente bajo y su único gran acierto es el personaje de Roberto. Este hosco, gruñón u ermitaño ferretero es llenado con extrema facilidad por Darín, quedándosele pequeño el personaje en pocos minutos pero el cual lleva con facilidad la película. Ignacio Huang es su estereotipado contrapunto que nunca pretende hacer sombra al centro del filme y destaca Muriel Santa Ana el su papel secundario de enamorada del protagonista.
El filme nunca pretende ser realmente una película de carcajada y a medida que pasan los minutos explora con más insistencia su carga dramática y emplea más claramente el tono melancólico que el filme siempre posee, excepto en la idílica escena inicial que en cierto sentido lleva al equívoco de esperar una mayor hilaridad de la historia que va a venir a continuación. Su trama gira en torno a la soledad, el aislamiento y la incomunicación y vaca mediante, ello se muestra con cierta ligereza aunque acertado sentimiento.
Sin embargo a momentos parece que el filme tenga un ritmo demasiado fatigado y el guión en sí un tomo bajo, a pesar de la esporádica chispa e originalidad e ingenio.
En todo caso es un filme redondo, que ata todos sus cabos y ofrece una conclusión limpia y fácil, demasiado previsible aunque logra su objetivo de satisfacer al espectador y ensalza una vez más algo que el director Sebastián Borensztein ha dejado patente a lo largo de cada minuto de metraje: ni la historia, ni la comedia, ni el drama del filme son realmente lo más importante, el centro del filme es su actor protagonista y su personal forma de componer a sus personajes, ya que con todas sus virtudes, esta es una película de Ricardo Darín. |