Este thriller psicológico cuenta con buenas actuaciones en una historia banal, en la que el conflicto interno del personaje nunca funciona. Su desarrollo es demasiado previsible y con momentos de extrema torpeza.
Un profesor de Derecho, de clase alta, católico practicante y de intachable corrección moral ve como su mejor amigo, catedrático de la misma Facultad, mata a su mujer. Se ve incapaz de denunciarle pero a la vez no es capaz inicialmente de entenderlo ni aceptarlo debido a sus convicciones religiosas y morales. Pero estas creencias se van revelando cada vez más vacuas y contradictorias a medida que las indagaciones por la muerte evolucionan.
El conflicto interno del personaje principal es el corazón del filme. Ver sus convicciones y como la doble moral es cada vez más evidente es la línea argumental principal. El problema es que en este personaje principal no es creíble el conflicto que se le plantea. El espectador nunca es partícipe de dilema moral inicial ya que, dadas las premisas, la reacción tendría que haber sido otra. Incluso aceptando esto, la evolución que sigue el personaje es cada vez más inverosímil y forzada. El guión además es infantil e incompetente en varios puntos. Destacan dos escenas, una ridícula en comisaría donde una testigo ve una foto y otra en la que dos inteligentes profesores de derecho no se les ocurre nada más que enterrar un cuerpo en el jardín de uno ya sospecho de un crimen. Y la escena del segundo asesinato, con la duda de que sea ya de forma deliberara o accidental, causa más risa que tensión. El trabajo actoral es notable dado el material que tienen que representar pero la historia es demasiado artificial, tanto en el planteamiento de los personajes como en su desarrollo posterior, y además está narrada con un ritmo que decae periódicamente. |