A pesar de sus múltiples defectos, “Tron” de 1982 fue una película rompedora en su aspecto técnico. Su continuación casi 30 años después acentúa las carencias narrativas de su predecesora pero se presenta con una espectacularidad digital magnífica que, actualmente, ya no supone ninguna novedad. Jeff Bridges repite en un doble rol central, acompañado por Olivia Wilde y pasando el testigo al prácticamente desconocido Garrett Hedlund.
Sam Flynn, un joven de 27 años de gran habilidad informática e hijo de Kevin Flynn, encuentra la estación de trabajo de su padre escondida en el salón de juegos recreativos. Allí es transportado al mundo virtual que su padre creó, el cual está dominado por Clu, versión informática de su padre, encarnación que mantiene una lucha con el propio Kevin Flynn, quien lleva atrapado en el mundo artificial más de veinte años.
En un universo sin efectos digitales y en los que los ordenadores son meras máquinas de cálculo de considerable tamaño, apareció “Tron”. Era el año 1982 y lo máximo que se había visto hasta el momento era una secuencia de títulos de crédito generada por ordenador en 3-D en la película “El abismo negro” (1979). “Tron” creó un mundo entero, con largas escenas completamente digitales, con animaciones faciales y representó la irrupción definitiva de los efectos generados por ordenador en el cine. Cierto que su historia era a momentos algo simple e incomprensible a la vez, sus diálogos acartonados y su estética muy marcada por los años 80, pero fue una película rompedora y la cual, a pesar de todo, soporta magníficamente el paso del tiempo. “Tron Legacy” es una digna secuela casi treinta años después, con el mismo estilo de diálogo, con una historia a la que es mejor no prestar demasiada atención pero con unos efectos generados por ordenador magníficos y que evolucionan el mundo virtual de “Tron” de forma fantástica. Lamentablemente, llega un año tarde.
Para que “Tron Legacy” hubiese causado el mismo impacto que su predecesora, tendría que haber sido la primera en plasmar la revolución técnica que han supuesto las nuevas tecnologías en CGI (computer generated image en inglés) y el 3-D. Pero eso le es imposible, ya que el filme utiliza la tecnología que perfeccionó (por no decir que prácticamente la creó) James Cameron en “Avatar”, película que ha marcado un antes y un después en los filmes digitales. Si descontamos las cintas que han sido convertidas en 3-D en postproducción como “Furia de Titanes” y las que han sido rodadas utilizando la tecnología de “Avatar” pero con poco éxito, como “Resident Evil Afterlife”, se puede considerar a “Tron Legacy” como la segunda gran película digital de acción real en términos de espectacularidad visual, pero nadie recuerda nunca a quien ha quedado segundo y menos cuando lo ha hecho utilizando el motor del piloto que ha quedado primero.
Ello no desmerece el hecho que “Tron Legacy”, dirigida por Joseph Kosinski, sea completamente fastuosa, llamativa y sensacional en el aspecto técnico, pero ello no acaba de compensar un débil guión y un ritmo excesivamente pausado en su segunda mitad. Cabe destacar el uso combinado de escenas 2-D y 3-D para el mundo real y virtual respectivamente, una apuesta que tiene sentido y funciona, al igual que la notable banda sonora de Daft Punk.
El actor Jeff Bridges, al igual que con “Texasville”, protagoniza una continuación con casi 30 años de distancia con la película original. Además aparece por partida doble, en una versión rejuvenecida gracias a la misma tecnología que envejeció a Brad Pitt en “Benjamin Button” y con su edad actual, descalzo y con actitudes de monje budista. Un poco más de nervio en su personaje hubiese sido bienvenido y, por desgracia, el peso de la acción recae en su yo digital y el joven Garrett Hedlund, quien interpreta a su hijo con el mismo éxito que tuvo Shia LaBeuf haciendo de retoño de Harrison Ford en el último Indiana Jones. El personaje de Cindy Morgan (interés amoroso de Jeff Bridges y Bruce Boxleitner en la primera parte) ha sido borrado dela memoria de todos los personajes sin darse ninguna explicación y el protagonismo femenino ahora es de Olivia Wilde, quien todavía no había nacido cuando se estrenó la primera entrega y encarna a una criatura digital que aparece de no se sabe dónde. Y Tron, quien da título a la saga cinematográfica, desaparecido en combate y recordado en un flashback.
Jeff Bridges no es la única seña de identidad que “Tron Legacy” mantiene respecto a su primera parte. Carreras de motos, trajes con tiras de luces y muchos otros elementos son reutilizados con grandiosidad visual y unos efectos digitales insuperables actualmente, pero ello no hace de este filme un gran entretenimiento por culpa de un guión algo mediocre y especialmente por una gran falta de tensión en su desarrollo, algo que sí tenía su predecesora. Se ha dejado la puerta abierta a una continuación, tal vez para el 2040, aunque sólo tendría sentido tras una nueva revolución tecnológica en el mundo del cine. |