Con sencillez y honestidad, esta película disecciona perfectamente con sobreentendidos la realidad familiar de la burguesía catalana. Sin dramatismos exagerados y a base de detalles, se construye un retrato multigeneracional que no narra una historia cerrada sino que muestra una sociedad.
Una joven que estudia en Toulouse regresa a Cataluña para el entierro de su abuelo. La muerte del patriarca de la familia propicia el reencuentro de todos los miembros de su familia, perteneciente a la burguesía conservadora. Durante los tres días que dura el velatorio, la misa y el entierro cada uno de los miembros intenta mantener las apariencias sin querer entrar en los problemas que tienen ni saber realmente cómo está cada uno de ellos.
Esta radiografía de la burguesía catalana consigue mostrar una realidad conocida por todos aquellos que le ha tocado vivirla de una forma magnífica. La sutileza, los silencios y las medias aproximaciones a los familiares están realizadas con verosimilitud, realismo y alejándose de cualquier artificio. La película no se basa en un guión narrativo sino en la recreación de un espacio familiar y la barrera creada entre sus miembros. El filme muestra de una manera inteligente cómo los patrones de conducta se transmiten de generación en generación a través de pequeños detalles. Básicamente, es una película descriptiva de un mundo y de un tipo de relaciones alejada de cualquier falsa imitación. Esta gran virtud es la que juega a la vez en su contra, ya que la carencia de dramatismo le provoca una falta de intencionalidad y, a momentos, una monotonía tonal. El contenido trabajo del conjunto actoral sustenta el estilo de la historia y es especialmente destacable la naturalidad de su protagonista, Nausicaa Bonnín. Mar Coll, en su labor de directora y coguionista, ha demostrado no sólo una gran habilidad para plasmar una realidad sino una gran sensibilidad para relatar una clase social con intimismo y honestidad. |