Con más forma que fondo, esta película de estética actual cuenta con un buen reparto y excelente fotografía pero con un conjunto de historias que encierran poca sustancia. Pero con dinamismo y un buen montaje, la película coge ritmo rápidamente y no deja que su interés decaiga en todo el metraje.
Una madre y sus dos hijas viven realidades sentimentales completamente diferentes. La madre está recibiendo un tratamiento de quimioterapia que hace que descubra nuevas posibilidades. Una de las hijas está a punto de tener su primer hijo y su marido está rodeado de tentaciones en sus viajes de negocios. La otra hija descubre que su novio músico la engaña e intenta superarlo, mientras que él tiene que luchar contra sus propios errores mientras su grupo parece estar a un paso de triunfar.
Esta película coral sobre relaciones sentimentales tratadas desde un prisma contemporáneo esta construido con dinamismo y una moderna estética cercana a la underground perfectamente lograda gracias a una notable fotografía y un trabajado montaje. En un inicio se hace difícil entrar en este drama, ya que no se crea una empatía o ningún vínculo entre el espectador y los personajes, dificultando que las emociones traspasen la pantalla. Poco a poco esto se compensa cuando las historias van cogiendo mayor fuerza, pero éstas nunca encierran enjundia o trascendencia. El guión también contiene momentos desarrollados con exageración, como la violación o el intento de suicidio, y final truncado precipitadamente que no permite ver en toda su magnitud el paso siguiente que toman los personajes después de tocar fondo. El filme cuenta con un buen reparto que realiza una sólida actuación, especialmente destacable Judit Uriach en su primer papel protagonista. “Trash” tiene mucha mejor producción y apariencia que contenido, aunque este nunca deja de tener su interés y siempre es fiel a sí misma, manteniendo el tono de los personajes de insatisfacción permanente y su coherencia. |