Empleando la desbordante imaginación que le caracteriza, el director Terry Gilliam adapta la novela de culto de Mitch Cullin del mismo título con un estilo oscuro, recargado y a momentos demasiado extremo. Difícilmente satisfactoria para los seguidores del director, únicamente su peculiar estilo de hacer el cine logra que este exceso ocasionalmente incomodo tenga un atractivo.
Los padres de la adolescente Jeliza-Rose son drogadictos y viven en la ciudad. Cuando su madre muere por sobredosis, su padre cree que va a ser acusado de asesinato y se marchan a una cabaña que tienen en el campo. Allí su padre también muere por culpa de su adicción y Jeliza gradualmente se va dejando ir a un mundo de fantasía que crece en su mente. En sus aventuras también entran sus excéntricos vecinos aficionados a la taxidermia y su mejor amigo Dell, quien presenta una deficiencia intelectual.
Terry Gilliam rodó esta película en una pausa de seis meses de su anterior proyecto, “Los hermanos Grimm”. Si esa película ya suponía un giro algo oscuro de los cuentos populares infantiles, en “Tideland” el director da rienda suelta a su imaginación más lóbrega. Terry Gilliam adapta la oscura visión de la entrada a la madurez de la adolescente protagonista siguiendo el estilo de la novela de Mitch Cullin pero ello no implica que resulte en una gran película. Es innegable que es uno de los más interesantes e imaginativos directores del panorama actual, pero “Tideland” tiene una historia demasiado dura, en parte desagradable y puntualmente escabrosa que se sustenta con facilidad en la gótica visión de su director pero que resulta excesiva argumentalmente. Es difícil estar cautivado por este filme, tanto por su particular visión de la pérdida de la inocencia como por el estilo en el cual se ha plasmado, ya que si bien visualmente tiene momentos conseguidos en desarrollo parece perder fuerza y ritmo en varias de sus partes y su metraje siempre da la sensación de ser demasiado extenso. Gilliam tiene en el centro de su narración a la actriz Jodelle Ferland, quien realiza una destacada interpretación dada la complejidad de la evolución de su personaje. Del resto del no demasiado extenso reparto, destaca como es habitual el actor Jeff Bridges.
Es comprensible que “Tideland” tardase más de un año en encontrar distribución en diferentes países dado que es un filme que incomoda y casi provoca algo de malestar mientras se está viendo, algo que seguramente es su objetivo. La reputación de Terry Gilliam ha sido siempre una garantía y arrastra a un gran número de seguidores, pero en esta ocasión únicamente los más fervientes amantes de la novela serán los que encuentren en “Tideland” una chispa de genialidad. |