Grandes excesos, desequilibrios y momentos de incoherencia lastran esta película de Chan-wook Park en la que emplea el género de los vampiros con inteligencia e ingenio. La película deambula entre la comedia negra, el terror y la reflexión sin que nunca encuentre ni el ritmo ni el desarrollo adecuado para encajar los tres elementos, dando la sensación de que su largo metraje se hace demasiado excesivo.
Un cura católico que trabaja en un hospital se ofrece como voluntario para intentar encontrar una cura a un extraño y mortal virus. En el proceso enferma y prácticamente acaba con él pero una transfusión accidental de sangre de un vampiro hace que no muera y sane. Rápidamente se da cuenta del aumento de sus apetitos carnales y de las consecuencias de su nueva condición, que van completamente en contra de todas sus creencias y de todo lo que su vida ha tenido importancia.
Chan-wook Park es un director prácticamente de culto que despuntó internacionalmente en 2003 gracias a su magnífica “Oldboy”. Según el propio director, la fuente de inspiración para esta película es “Therese Raquin”, una novela de 1867 escrita por Emile Zola. En su particular visión contemporánea, el director introduce curas, vampiros y su propio estilo para entregar una película tan intrigante como interesante. El guión de “Thirst” está escrito con intención e inteligencia, en donde romance, religión, locura y deseo son representados en una imaginativa situación. Pero lo que el director no consigue lograr es que el conjunto de su historia alcance todo el sentido que debería y cuando plasma sus ideas en pantalla, el resultado queda altamente descompensado. Chan-wook Park se excede en atención y tiempo en algunas secuencias y casi no presta atención a otras reacciones pero lo que especialmente perjudica al filme es que cuando sería importante dar más peso a las ideas que el director tiene detrás de sus imágenes, éste se recrea en sus silencios, saltos por los tejados y borbotones de sangre. Para lleva el peso de la película, “Thirst” cuenta con el actor Kang-ho Song, quien ya había colaborado con el director anteriormente en bastantes títulos, quien destaca por su versatilidad y composición de las complejidades y lucha interna de su personaje, pero es la actriz Ok-bin Kim quien sobresale presentando una magnífica transformación en su protagonista a lo largo de las más de dos horas de metraje de la película.
“Thirst” es un filme perfectamente actuado y muestra madurez en las ideas que el director quiere transmitir, quien conserva su estilo propio y sus excesos cinematográficos y narrativos pero que siempre consiguen darle un especial atractivo a sus cintas, a pesar de que en este caso ideas y narración pura hayan sido unidas de forma desequilibrada. |