Esta comedia romántica intenta mezclar algún elemento de batalla de sexos de forma rudimentaria, llevando a un extremo a sus personajes y resultando ridícula en el proceso, con el propósito de abarcar tanto al público masculino y femenino. Únicamente la presencia de Gerard Butler y algún destello de chispa de Katherine Heigl consiguen soliviantar el visionado de esta previsible cinta.
Abby es una productora de un programa televisivo que no parece encontrar a su hombre perfecto. Para subir la audiencia de su programa su jefe contrata a Mike, un personaje provocador que tiene como mensaje que simplificado y sexista de lo que son las relaciones de pareja. A Abby le resulta ofensivo pero gracias a él y sus consejos ha conseguido entablar una relación con su vecino, un doctor que cumple todos y uno de los requerimientos que Abby busca en un hombre.
Esta película es la respuesta que sus productores y guionistas han encontrado a la cuestión de realizar una comedia romántica que abarque el espectro de público tanto masculino como femenino. En vez de hacer algo medianamente inteligente o con cierto encanto como “Love Actually” han optado por abusar de clichés, estereotipos y previsibilidad. Cada uno de los protagonistas satisface lo que deben considerar los prototipos de público de hombre y mujer. A la protagonista femenina la describen como una neurótica controladora pero simpática y al hombre como un macho engreído y sexista pero que tiene su corazoncito. Dos polos completamente opuestos y en una historia en la que no hace falta usar muchas neuronas para ver por dónde va en cada momento. El único acierto de la película dirgida por Robert Luketic es su pareja protagonista, Gerard Butler y Katherine Heigl. El actor inglés podría haber escogido otra película en la que demostrar su vis cómica, pero sorprendentemente su actuación es lo que tiene más vitalidad del filme. Katherine Heigl, más conocida por su papel en la serie “Anatomía de Grey”, su personaje le permite en pocos momentos hacer algo más que ser una simple caricatura de persona pero ocasionalmente puede aportar algo interesante.
“La cruda realidad” cumple con todos y cada uno de los puntos de comedia romántica mediocre que aparecen cada año, teniendo como elemento original el llevar a extremos desafortunados los estereotipos de hombre y mujer y resultando en una película que no merecía los nombres propios de sus actores. |