A pesar de tener un inicio prometedor, este rompecabezas psicológico no consigue nunca atrapar completamente al espectador con su ritmo excesivamente lento y además desilusiona con un final muy inferior a las expectativas creadas.
El inicio de “The Lazarus Project” es la razón por la que uno siempre sigue viéndola. Un criminal que tras un último desastroso robo acaba sentenciado a pena de muerte en Estados Unidos y es finalmente ejecutado ante la cámara. El siguiente plano nos sitúa un tiempo después con él caminando por la cuneta de una carretera. A partir de aquí se van mostrando y ocultando las piezas de este enigma hasta que se revela la verdad de lo que le ha sucedido al protagonista, bien interpretado por Paul Walker.
Esta película nunca cae en el aburrimiento, pero con su narración extremadamente pausada, no consigue crear la tensión necesaria para un filme que se basa en jugar con la mente del espectador. Y uno de los elementos más importantes en una historia como esta, son los diferentes giros de guión hasta llegar a la sorpresa final de rigor. Existen algunos que funcionan a lo largo del metraje pero el último y el cual que debería ser el más importante es blando, fácil y casi llega a decepcionar. Una buena premisa y una más que correcta actuación no compensan una dirección falta de pulso y un guión que empeora a medida que avanza.
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