Este drama histórico sobre el último año de la vida del escritor Tolstoi contiene luces y sombras tanto del personaje como en la forma de mostrar su historia, encerrando interés pero narrándola con un tono dramático completamente descompensado que es compensado por el alto nivel de sus actuaciones. Helen Mirren y Christopher Plummer llenan con acierto y una vez más sus respectivos roles, acompañados por unos más que correctos Paul Giamatti y James McAvoy.
León Tolstoi es un hombre anciano, venerado por todos por su talento literario y líder de un nuevo movimiento filosófico y religioso que defiende la resistencia pasiva, el amor como gran principio moral y un estilo de vida humilde. En contraposición a sus ideas e intención de legar el derecho de sus obras al pueblo ruso se encuentra su mujer Sofía, quien no entiende el pensamiento de su marido y quiere garantizar el bienestar de sus hijos a través de la herencia de la obra del escritor. Un joven idealista asistente entra al servicio de Tolstoi quien vive una guerra en su propia casa entre sus principios y el amor hacia su mujer.
Las obras de Tolstoi se han considerado como uno de los máximos exponentes del movimiento literario del realismo pero en los últimos años de su vida su faceta de novelista quedó relegada a un segundo plano y la confección y difusión de sus ideas filosóficas ocuparon la mayor parte de su tiempo. Tolstoi tuvo una gran influencia en el movimiento anarquista dentro de la vertiente de cristiano libertario y pacifista, mantuvo una larga correspondencia con Gandhi y ambos compartían el principio de la no violencia y la resistencia pacífica pero vivió en contradicción con sus propios ideales. Tolstoi era un conde, tenía dinero y vivía en un relativo lujo dentro de la Rusia de la época. Y es aquí donde empieza la película y en donde acierta a mostrar la personalidad del famoso escritor. El director Michael Hoffman aborda este biopic con estilo clásico e histórico, género que ya trató en las películas “Restauración” y “Sueño de una noche de verano”, y narra el último año de la vida de Tolstoi con la intención de no únicamente mostrar los acontecimientos finales sino todas las sombras de su persona. En estos aspectos tiene un notable éxito pero siempre parece quedarse corto. La figura central sí vivió más guerra que paz en sus últimos años pero el filme nunca se detiene a analizar ni mostrar con un poco de detalle sus ideas y las implicaciones que conlleva. El pensamiento de Tolstoi no es nunca analizado y es empleado como una mera excusa para mostrar la crisis matrimonial entre él y su mujer, quien no compartía sus principios y se oponía a la idea de dar los derechos de sus obras al pueblo ruso pero por quien siempre profirió un profundo afecto. Los actores Christopher Plummer y Helen Mirren muestran esta compleja relación de una forma notable, encarnado perfectamente a sus personajes y la relación de amor odio que mantenían. Paul Giamatti interpreta al director del movimiento religioso fundado por Tolstoi pero lo que debería ser una persona idealista siempre aparenta ser un conspirador egoísta, algo tal vez verídico pero poco explicado. El director Michael Hoffman consigue extraer buenas actuaciones de su reparto, completado por James McAvoy, Anne-Marie Duff y Kerry Condon, siendo la principal virtud del filme, pero no tiene el acierto de imprimir un tono acorde con la historia que está intentando mostrar. En su primer tercio es un drama ligero que parece que quisiera ser una comedia pero cuando la trama se desarrolla de forma más trágica, el director no sabe cómo ajustar el tono, quedando blando y dispar.
“La última estación” es un drama que nunca consigue transmitir las sensaciones que pretende, no por culpa de las destacadas interpretaciones de su elenco de actores sino por la forma descompensada en la que trata las emociones de su historia, pero el filme siempre sabe mantener su interés. |