Promocionada y con una presentación que asegura que no sólo se basa en hechos reales sino que emplea grabaciones auténticas, esta película de suspense se beneficia de este planteamiento a pesar de la más que dudosa veracidad de todo el contenido ya que su desarrollo como simple obra de ficción es poco novedoso y convencional. Milla Jovovich ayuda a darle solidez a este filme que huele demasiado a falso producto en vez de a recreación documental.
En el remoto pueblo de Nome en Alaska, al cual únicamente se puede acceder por aire, una psicóloga y sus dos hijos sufren estragos para superar el asesinato de su marido y padre. Tres de sus pacientes presentan problemas para dormir y para su sorpresa los tres tienen narraciones similares que incluyen a un búho. Cuando practica una sesión de hipnosis en uno de ellos se hace evidente que la figura del búho esconde mucho más detrás, un secreto oculto que le afecta directamente a ella, sus hijos, su marido y explicaría los extraños sucesos que ocurren la ciudad.
La película empieza con la actriz Milla Jovovich presentándose e indicando que interpretará el papel de la doctora Abbey Tyler. Además dice que el director Olatunde Osunsanmi ha insertado entre las recreaciones dramatizadas de los hechos reales, metraje real de la entrevista con la doctora y otras grabaciones que documentan los hechos. Este juego con la realidad permite al filme atraer una atención especial, manipular con cierto éxito su credibilidad ante el espectador y justificar su común narrativa con metraje aparentemente real, el cual resulta más impactante que el que está teóricamente dirigido con propósitos dramáticos. La película gana en interés y lógicamente en implicaciones cuando se cree que lo que está mostrando no es que esté sólo inspirado en hechos reales sino que todas las escenas son recreaciones documentadas de hechos reales. Pero aquí es donde hay que alabar la inteligencia del director y la pericia de Universal para elaborar semejante golpe promocional. La veracidad de los hechos y de las grabaciones teóricamente reales está en el mejor de los casos más que puesta en entredicho (una rápida búsqueda por Internet sacará de dudas a quien sienta curiosidad por realmente saber la verdad), algo más que lógico dictado no únicamente por el sentido común sino por varias incongruencias. Esta dependencia con la faceta casi documental de “La cuarta fase” es lo que hace evidente la mediocridad de la película. Sin el apoyo que ser teóricamente cierta la historia se queda como una más, al estilo de un capítulo perdido de “Expediente X”, que no aporta nada nuevo y que está rodada de la forma más convencional posible. Emplea recursos fáciles y es especialmente irritante el uso de la música, que hace evidente el desarrollo de las escenas. Milla Jovovich se muestra como lo mejor de la cinta tras las grabaciones supuestamente reales, a pesar de que no es un papel en el que tenga la oportunidad de demostrar si aparte de heroína es además una actriz con múltiples recursos.
Milla Jovovich es la única protagonista de “La cuarta fase”, un thriller que presenta una historia concebida y narrada de forma mediocre y efectista pero que cuenta con la tramposa originalidad de hacer creíble unas imágenes y un argumento de una forma inteligente. |