A pesar de contar con una Meryl Streep en plena forma, la película falla en ser una buena comedia por culpa de un guión convencional, desarrollado de forma juvenil y que nunca sabe sacar todo el partido que debería de los personajes secundarios. Una destacada actuación hace más que visible este filme pero no logra maquillar en exceso la mediocridad de su confección y elaboración.
La joven idealista y con aspiraciones de ser una periodista Andrea Sachs aterriza en un trabajo como segunda asistente de Miranda Priestly, la todopoderosa editora de la revista de moda más importante. Andrea se ve arrastrada a un trabajo esclavo y a vivir dentro del superficial mundo en el que se desenvuelve la revista, cambiando tanto su manera de vestir como sus prioridades. Su vida privada y sus relaciones con su novio, familia y amigos se ven afectadas por las elecciones de Andrea, que la llevan hacia un cambio de actitud y carácter.
Si en algo se ha esforzado el director David Frankel y la guionista Aline Brosh McKenna es en crear una película altamente previsible. “El diablo se viste de Prada” parte de una premisa poco original, una joven idealista se ve atraída por un mundo de lujo y superficialidad, y hace pocos esfuerzos en desarrollar una trama que encierre algo de interés o de inteligencia, aparte de ver cómo se realiza el esperable y sarcástico ataque al mundo de la moda. Lamentablemente esta crítica tampoco llega en el nivel y la intensidad que debería, pareciendo en algunos momentos que quiere respetar totalmente este artificial mundo.
Por suerte la película cuenta con Meryl Streep quien compone, como es habitual en ella, un personaje redondo y realiza una interpretación prácticamente perfecta. Ella sustenta la película y se convierte en el único gran atractivo del filme, logrando que la película no parezca tan mediocre como debería. Otro gran error de la película es dar un excesivo peso al personaje de Anne Hathaway, que a pesar de ser una de las protagonistas es un cliché construido al uso que no necesita tanto tiempo en pantalla para explicar una transformación en su personaje mil veces vista y que encierra poco interés. Por el contrario, se echa de menos que el siempre destacado secundario Stanley Tucci no adquiera un poco más de peso y que los televisivos Simon Baker y Adrian Grenier sean tan planos.
“El diablo se viste de Prada” es una película con mejores actores de lo que se merece, narrada y desarrollado de una forma completamente convencional y que tiene la gran suerte de contar con Meryl Streep, quien es capaz de brindar una excelente interpretación que consigue que la película valga la pena verla al menos por un motivo. |