Sin apenas sentido del ritmo o tensión, esta drama a caballo con el thriller psicológico está filmado con un estilo monótono que no es acorde con las pretensiones que tiene. Russell Crowe es su mayor reclamo, pero su presencia tampoco ayuda a levantar una historia contada como una letanía y cuyo intento, que podría haber resultado interesante, de ahondar en sus personajes queda demasiado diluido entre tanto tedio.
El detective Cristofuoro está prácticamente retirado y dedica la mayor parte de su tiempo al cuidado de su mujer gravemente enferma. Convencido de que un convicto de uno de sus casos, un joven puesto en libertad al cumplir los dieciocho años que había sido condenado por asesinar a sus padres, volverá a matar, Cristofouro le sigue tras su puesta en libertad. El joven, Eric Pool, parece estar luchando por controlar sus impulsos e inicia un viaje por carretera con una chica obsesionada con él mientras el policía les sigue a cierta distancia.
La película se presenta como la interacción y en parte el estudio de un triangulo de personajes, un policía retirado y casi apagado completamente, un joven con tendencias psicópatas en un inestable equilibrio y una joven obsesionada con el asesino y marcada por varios traumas. Los tres personajes se van acercando psicológicamente hasta su inevitable momento de contacto final mientras que de forma progresiva deberíamos ir entrando en sus respectivas personalidades. El problema es que el director John Polson no parece haber sabido cómo tratar el material y ha rodado la adaptación de la novela de Robert Cormier como si fuese un telefilme de las cuatro de la tarde. La película es monótona en todos los aspectos, tanto en desarrollo narrativo como en exploración de los personajes, y no llega a desarrollar ni un tercio del potencial que podría contener esta historia. Polson no ha encontrado la forma de darle un mínimo ritmo al filme ni tampoco ha sabido cómo crear cierta tensión, algo que debería ser natural en una película con esta trama. No obstante, el trabajo de los actores es decente a pesar de que su rostro más conocido, Russell Crowe, muestra síntomas de la misma falta de vigor que padecen el resto de elementos de la película y es Jon Foster quien consigue sustentar mínimamente la tensión del filme. Seguramente el haber rodado todas sus escenas en nueve días a pesar de ser uno de los actores principales no ayuda a Russell Crowe a meterse en la piel de su personaje. “Tenderness” podría haber intentado profundizar más en la psicología de sus personajes y haberle dado un mayor dinamismo a su trama, pero el producto final es un thriller completamente apagado y que no sabe desenvolverse en ningún terreno. |