Simpático y amable, este divertimento supone una pausa en la filmografía dramática de su director Ang Lee pero no es una muestra del interesante cine que es capaz de hacer. Más centrada en su personaje central que en el concierto, la película captura un espíritu en clave de humor que seguramente no está muy alejado de la realidad del evento, pero no es suficiente para conseguir que “Destino: Woodstock” sea recordada pasados unos minutos de su visionado.
Elliot es un joven que ayuda a sus padres a llevar un decrépito motel en un pequeño pueblo. Elliot hace todo lo que puede por ellos a pesar de que su madre, quien tiene un carácter extremadamente dominante y fuerte, nunca le da una palabra de agradecimiento. Además, es el organizador de un pequeño evento en el que reúne a bandas locales para realizar un concierto en el pueblo. Cuando se entera de que el pueblo de al lado ha retirado el permiso para realizar un concierto de música rock, Elliot se pone en contacto con los organizadores para ofrecer su autorización para celebrar Woodstock. Así, el pequeño motel se convierte el cuartel central del célebre evento.
Ang Lee utiliza el libro autobiográfico escrito por el propio Elliot Tiber para narrar una historia en principio auténtica pero en pura clave de comedia. La veracidad del papel que Tiber jugó en el concierto no es tal y como él asegura según Michael Lang, organizador de Woodstock, pero sí que Tiber se encontró en el epicentro de esos tres días de música y paz. Ang Lee explota los personajes y la situación para crear una película amable y simpática que nunca se acerca al concierto en sí y se centra en la relación de un joven con sus padres mientras lucha por aceptar su propia sexualidad en el momento más álgido de la cultura hippie de los 60. Lee tampoco utiliza ningún metraje filmado durante el concierto, a pesar de que algunas imágenes parezcan reales y no una reconstrucción. No es una película sobre el concierto de Woodstock, lo que su director intenta capturar con cierto aire de nostalgia es el espíritu del momento con la mayor afabilidad posible. En ese aspecto, Lee logra su objetivo ya que “Destino: Woodstock” es agradable y encantadora. Como comedia funciona, a pesar de que no tiene un nivel constante durante su metraje y cae de tono en bastantes momentos pero el mayor problema es que la película no intenta ser nada más que una simple comedia. Es cálida y graciosa, pero le falta más chispa y la pretensión de no querer ser un producto tan olvidable como de puro entretenimiento. |