Con un aspecto de típica película independiente de gánsteres, esta cinta sorprende por su humor negro y varias sorpresas en su desarrollo aunque finalmente pierde parte de su originalidad en la previsibilidad de su desenlace, tampoco resultando nunca absorbente por la falta de sintonía entre el guión y el estilo que ha empleado su director. Vincent D’Onofrio, Ethan Hawke y Seymour Cassel son el gran trío protagonista de la película.
La vida de un mafioso local, un empleado de una compañía de limpieza y un charcutero de avanzada edad se ven entrecruzadas en el barrio neoyorquino de Staten Island.
En los primeros minutos de metraje se realiza una introducción de estilo educativo en la que se muestran las idiosincrasias de una de las islas que conforman Nueva York, Staten Island, dando a entender que el barrio ha sido olvidado en muchas ocasiones y es la morada de un buen número de gánsteres. Esta película, ópera prima como director de James DeMonaco, es un poco tal y como describe al barrio, extraña en alguno de sus puntos pero, al final, fácilmente olvidable.
Lo que domina el guión son giros realmente inesperados y motivaciones peculiares. Tras un altamente entretenido inicio llega la primera historia protagonizada por Vincent D’Onofrio, encarnando a un mafioso local con aspiraciones de grandeza. Sin que tenga mucho sentido, acaba literalmente subido a un árbol con la noble intención de salvar un bosque. La segunda historia narra la introducción al crimen de un hombre sin muchas luces, interpretado por Ethan Hawke, que quiere conseguir una pila de dinero para modificar sus propios genes y que su hijo no salga con la misma carencia de neuronas que él. Finalmente Seymour Cassel interpreta a un charcutero sordomudo que a ratos libres combina las apuestas con descuartizar los cuerpos de las personas que el mafioso quiere deshacerse. No es difícil adivinar que “Staten Island” es una comedia negra en todos sus aspectos, algo que inexplicablemente no es trasladado a su tono.
La película es entretenida pero no divertida y todas las singularidades de su historia son tratadas con total seriedad. Es como si fuese un drama, con lo que más que un film de tono oscuro y sarcástico termina siendo una parodia de sí mismo, especialmente cuando se ve cómo van a terminar las diferentes historias a mitad de película, por mucho que el director salte atrás y adelante en el tiempo como Tarantino y no se tenga muy claro cómo va a hacerlo.
Los tres actores principales, Vincent D’Onofrio, Ethan Hawke y Seymour Cassel, son también los que acentúan esta disonante sensación, con un estilo serio y con un trabajo destacable, alejado de la absurdidad de varios de los momentos que presenta el guión.
Al final, el filme termina con mucha menos fuerza de la que posee cuando empieza, aunque por el camino ha dejado un par de sorpresas que hacen que uno siempre esté atento, ya que la película puede irse fácilmente por caminos inesperados, algo siempre bienvenido y que da a “Staten Island” gran parte de su interés, a pesar de la falta de conexión entre estilo y tono. |