Cuesta creer que una película con semejante buen aspecto visual contenga una historia de tan bajo nivel y un guión tan pobremente escrito y confeccionado. Este filme de ciencia ficción demuestra la gran habilidad de sus directores en el terreno de efectos especiales pero también su capacidad de entregar un esperpento de gran ritmo y que cuando parece que ha tocado fondo, se supera a sí mismo. Ninguno de sus actores consigue destacar mínimamente de forma positiva, aunque no son enteramente responsables por ello.
Una pareja está de visita en Los Ángeles en el apartamento de un amigo cuando unas misteriosas luces azules descienden del cielo. Éstas absorben a la gente hacia la luz y están controladas por una raza extraterrestre de intenciones hostiles, la cual está capturando a toda la población humana.
“Skyline” es una prefecta muestra de cómo con una tecnología mucho más accesible y asequible, hoy en día es posible hacer una película con efectos especiales atractivos por un limitado presupuesto. Ello permite no únicamente abaratar las grandes producciones sino abrir también la puerta a directores menos conocidos y con menos medios dentro del cine comercial. Una de las posibles consecuencias y algo patente en esta película, es que el jugar demasiado con efectos digitales puede también ser una distracción y puede hacer olvidar que una de las bases más importantes de un filme es su guión.
Esta historia escrita por Joshua Cordes y Liam O'Donnell es de lo peor que ha visto el cine de acción en bastantes años. Se mire por donde se mire, no hay donde salvarla. En comparación, hace de “Los mercenarios” de Sylvester Stallone un digno contendiente para el nobel de literatura. No es únicamente la simplicidad con la que se han construido los personajes, o el triste intento de darles un pequeño drama humano al principio y obviarlo a la primera oportunidad, son todos los elementos que componen el guión los que tienen un nivel excesivamente pobre. Especialmente destacan cada elección narrativa y giro de la historia y unos potentes diálogos que incluyen todas las peores frases de la historia del cine dentro de los noventa minutos de metraje de “Skyline”.
La película sólo tiene un gran atractivo y éste es gracias a sus efectos digitales. Son llamativos y están realmente conseguidos, con una estética que podría haber hecho de un guión algo mejor una película medianamente entretenida. Los dos directores, los hermanos Strauss, son especialistas en este campo y han trabajado en los efectos visuales de filmes como “Avatar” y “El libro de Eli”, y demuestran en este filme su gran capacidad dentro de este terreno aunque sus habilidades como directores son más cuestionables, concretamente su poco sentido común al rodar el guión que tenían en las manos.
Tampoco han conseguido unas mínimamente aceptables actuaciones de sus intérpretes, aunque con semejante material ni Anthony Hopkins hubiese podido entregar algo con cierta entidad. El elenco está repleto de rostros televisivos y se encuentra encabezado por Eric Balfour, demostrando muchas limitaciones. Donald Faison (“Scrubs”) es el único que sale algo airoso de esta prueba y David Zayas (“Dexter”) presenta aquí su firme candidatura para ser considerado en el premio como peor actor del año.
Por lo único que realmente vale la pena ver esta película es por sus efectos especiales, los cuales se pueden disfrutar perfectamente sin necesidad de ver el filme gracias a su tráiler, el cual es tramposo no sólo por utilizar imágenes y un planteamiento que la película no contiene, sino por hacer creer que “Skyline” es un filme de entretenimiento mejor de lo que realmente es. |