El director Manoel de Oliveira rodó con cien años de edad esta corta película que intenta combinar ironía y narrativa pero cuya historia se acaba quedando pequeña. A pesar de su corta duración, el filme parece innecesariamente alargado dada la sencillez de su argumento y la falta de recorrido de su desarrollo.
Marcário es un joven contable que trabaja la tienda de su tío. En la ventana de enfrente de su trabajo ve a una joven de la que se enamora completamente. Decidido a casarse con ella, se topa con la oposición de su tío, quien le despide y le hecha de casa tras no seguir sus indicaciones de querer permanecer soltero. Marcário se encuentra con la necesidad de encontrar un empleo para poder subsistir y poder pedir la mano a la madre de ella.
El más que veterano director Manoel de Oliveira adapta esta historia escrita por Eça de Queiroz en el siglo XIX y la transforma en una película de apenas sesenta minutos. Este cuento moral sufre de esta traslación temporal, o mejor dicho, de la falta de ella. Los tiempos son modernos pero el desarrollo no ha sido revisado en profundidad, con lo que queda demasiado simple visto hoy en día. En este filme, Oliveira combina su forma de rodar, algunas transgresiones y un choque de ambiente clásico con elementos modernos que hacen esta película interesante, pero no suplen la falta de recorrido de su historia. Su narrativa además es forzada, especialmente en su cisma final carente de toda fluidez, y a pesar del aspecto formal que el director le imprime al filme, falta bastante en su contenido. |