Este drama surafricano consigue un gran tono realista especialmente ensalzado por la labor de su protagonista, Denise Newman, y relatando una dura historia a nivel emocional sin ningún tipo de artificialidad. Rodada casi como un documental, conmueve y transmite a pesar de su aparente frialdad estilística.
Shirley Adams es una mujer de mediana edad que vive en uno de los suburbios de cape Town. Dedica su día a cuidar de su hijo, quien ha quedado tetraplégico pocos meses atrás por culpa de un disparo de bala. Shirley, cuyo marido la abandonado huyendo de la situación, sobrevive gracias a la generosidad de sus vecinos y algún hurto ocasional en el supermercado.
El director novel Oliver Hermanus demuestra con “Shirley Adams” un gran control sobre como plasmar emociones sin caer en excesos y crear un personaje perfectamente coherente y completo. La cámara al hombro de Hermanus no se despega en ningún momento del rostro o del hombro de su personaje central, la sigue sin dejarle espacio para un momento de privacidad pero sin acercarse en un plano afectivo. El director, quien también firma el guión junto con Stravos Pamballis, sabe que el personaje está totalmente definido, las acciones que demuestran su carácter emocional están estudiadas y que su actriz principal, Denise Newman, parece no ser una intérprete sino Shirley Adams en carne y hueso, con lo que sólo tiene que dejar que la acción transcurra por sí sola y capturarla. Esta historia de orgullo ante las adversidades, de luchar por no derrumbarse viviendo en un drama y al borde de un precipicio, tiene intimidad y sentimientos, pero a momentos un corazón demasiado frio. “Shirley Adams” no es una película que emocione, ya que su personaje principal no pide en ningún momento caridad emocional por parte del espectador, el filme muestra quedándose encerrado en la magnífica interpretación de Denise Newman. |