Al no saber cómo aunar los dos géneros que emplea, el de thriller psicológico y el de película de terror sobrenatural, este filme desperdicia a sus dos actores, su conseguida atmósfera y la intriga inicial que crea en un desarrollo de su historia tan poco logrado como incomprensible. Jonathan Rhys Meyers cumple en un rol que requiere múltiples personalidades pero es Julianne Moore quien afortunadamente lleva todo el peso del filme.
A una psiquiatra que siguiendo la corriente dominante en su profesión está convencida de que el desorden de personalidades múltiples no existe se le presenta un caso que parece contradecir su opinión. Este hombre no únicamente adopta diferentes personas, sino que tiene asociados diferentes recuerdos e incluso presenta distintas características físicas, como parálisis o daltonismo, en función de cuál es la personalidad presente en cada momento. También se percata que el número de egos parece ir en aumento, algo relacionado con diferentes muertes que se suceden.
El tema de las personalidades múltiples y los entresijos de la mente es un tema por el que el guionista Michael Cooney parece sentir predilección, ya que lo ha tratado con anterioridad en los filmes “Identidad” (2003) y “El despertar” (2003). Aquí introduce una nueva vuelta de tuerca al incorporar un componente sobrenatural y terrorífico. El resultado es idéntico al planteamiento inicial de su personaje central, ya que esta película siempre tiene dos personalidades. Por un lado es un thriller psicológico que especialmente en su primera mitad es intrigante e incluso absorbente. Por otro lado tiene demasiados ecos de posesiones infernales que, como elemento clave, destruyen tanto el tono como el sentido de la historia. Sus componentes sobrenaturales son como un as sacado de la manga, ya que solucionan el filme pero de forma tramposa. Tampoco es que tenga mucho sentido su explicación argumental y, en conclusión, su tramo final es excesivamente pobre.
La dirección también presenta esta dualidad de personalidad, siendo a momentos especialmente sobria y adecuada y en otras abusando de los clichés de cada uno de los géneros del thriller y del terror. La pareja de directores formada por Måns Mårlind y Björn Stein no logra tener un estilo definido y uniforme en este filme y en ningún momento toman ningún riesgo al plasmar una historia que hubiese necesitado una dirección con un punto de originalidad, para así esconder su poco inspirada trama.
Una de las grandes bazas de esta película es su pareja protagonista. Julianne Moore ("Chloe", "Ceguera") lleva con soltura el protagonismo y su habilidad permite que el filme tenga una mayor solidez. El papel co-protagonista es un regalo para cualquier actor, ya que permite interpretar varios personajes en uno, y Jonathan Rhys Meyers ("Los Tudor", "Desde París con amor") lo hace con corrección pero sorprendentemente no logra porta algo especial.
“Shelter” podría haber sido un notable thriller sobrenatural, pero a pesar de tener la parte de tensión a buen nivel, su lado de terror parece extraído de un filme de serie B, haciendo que el conjunto sea cada vez más flojo a medida que pasan los minutos pero, como mínimo, consigue mantener cierta entereza gracias especialmente su pareja protagonista. |