Este thriller de ciencia ficción intenta ser completo teniendo tanto tensión, acción, escenas espectaculares y un aire de profundidad. Lamentablemente, su uso simplista de elementos religiosos da al filme inverosimilitud y un desarrollo narrativo a momentos decepcionante.
En un ejercicio de una escuela en 1959, unos alumnos entierran sus ideas en una cápsula de cómo será el futuro. Cincuenta años se abre y el sobre del ejercicio de una niña es entregado al hijo de un profesor de astrofísica del MIT. En sobre contiene sólo una larga secuencia de números de dos páginas. El padre, se da cuenta que es la correlación de fecha, lugar y número de fallecidos de los grandes desastres del último medio siglo y que hay tres eventos que todavía no han ocurrido. Paralelamente, un grupo de individuos vestidos de negros parece que empiezan a vigilarle a él y a su hijo.
“Señales del futuro” apunta y tiene todos los elementos para ser una película redonda tanto en concepción, géneros por los que se mueve e ideas que emplea. Es una película básicamente de suspense, con elementos de acción y con un misterio con tintes paranormales que se va desarrollando y convirtiéndose en un evento de enormes proporciones. El apartado de thriller está conseguido perfectamente por el director Alex Proyas aunque no así el desarrollo de la trama, que se mueve a saltos en función del género en el que se encuentra. Es fácil decir que el mayor problema de la película es el final, pero esta conclusión afecta a toda la lectura que se realiza de la película. El final sólo es una constatación del tono y de la intencionalidad del filme, reveladas ya de forma evidente. Su empleo de iconografía y mitología de la biblia y su adaptación a la trama de la película es superficial y fácil, quedando más en un chiste que en un ejercicio interesante. Nicolas Cage no ayuda a subir la sensación de estar en una mera película de suspense-acción con su anodina actuación y el director tampoco acaba de disimilar algunos agujeros del guión y otras carencias de pura lógica que ocurren. Todo se supone que tiene sentido gracias al uso de que se hace de la religión, pero ese truco narrativo abre más puertas de las que cierra y, un poco de mayor inteligencia y profundidad en su uso hubiesen sido bienvenidas. Alex Proyas filma dos escenas de gran impacto con maestría, en especial la del avión con un secuencia continua, que a duras penas compensan el visionado de una película de palomitas que apunta más pero que se queda en otro producto de Hollywood con aires de mayor grandeza. |