Esta película hecha como una novela se pierde en exceso en el elemento cristiano tapando la verdadera historia humana que podría haber contado. La veracidad con la que la actriz principal hace evolucionar a su personaje es el gran soporte del filme y consigue disimular el el decaimiento de la narración en varias partes.
Una joven madre decide mudarse con su hijo a la ciudad natal de su difunto marido. Cuando parece que está consiguiendo asentarse e iniciar una nueva vida, otra tragedia la golpea de forma brutal. Mientras tanto, un hombre que ha conocido en la nueva ciudad intenta ayudarla y espera a que supere sus luchas internas para tener una oportunidad.
Esta película introduce el elemento de la religión visto desde la perspectiva de una persona que necesita aferrarse a alguna esperanza. Esta visón sobre la religión católica, introducido de forma interesante, tapa ocasionalmente el drama real que sufre el personaje aunque permite ver una evolución en él. Gracias a la actriz Jeon Do-yeon, lo que podría haber sido un melodrama manipulador y fácil adquiere veracidad y consigue que se pueda palpar lo que le está sucediendo. Aun así, la historia peca de falta de recorrido en su tramo final, perdiendo la oportunidad de dar un significado inteligente y con profundidad a la película. En esta parte, es cuando el metraje se hace demasiado largo y ya se hacen evidentes las excesivas reiteraciones que el director realiza en cada una de las tres partes en las que ha dividido la película. Su intención de ser sobria y su estilo de narración intentan mostrar una tragedia sin artificios y con neutralidad en su trato del componente católico, reforzando la imagen de veracidad aunque alejándose de la comprensión del personaje. Este drama, a momentos inteligente, entrega una fantástica actuación en una historia que nunca acaba de funcionar por completo, pretendiendo pero sin llegar a hacer una gran exploración realista de la religión tanto en la sociedad actual como en la vida de la persona que presenta. |