El siempre interesante director Ken Loach vuelve con una película de corte político centrada en el papel de las empresas privadas de mercenarios en la guerra de Iraq y su falta de ética, un thriller comprometido y hecho con más corazón que análisis.
Sinopsis: Un soldado reconvertido a mercenario privado recibe noticias de la muerte en Iraq de su mejor amigo, compañero de profesión. Descartando la versión oficial de los hechos, se decide a descubrir la verdad ocultada por las empresas de seguridad.
La carretera que une el aeropuerto principal de Bagdad con lo que se conoce como la Zona Verde ha sido rebautizada por las tropas estadounidenses con el nombre Route Irish (Ruta irlandesa). A pesar de que no hay ni ha habido soldados del ejército irlandés ocupando Irak, este nombre ya popularizado que designa una, sino la más, peligrosa carretera del mundo no nace por connotaciones con Irlanda sino a la convención con la que el ejército de EE.UU designa sus rutas de abastecimiento principales. Para facilitar un simple trabajo memorístico, las vías de acceso más importantes son llamadas tras los nombres de equipos de futbol americano, en este caso the Fighting Irish de la Universidad de Notre Dame. En ella se han sucedido multitud de ataques y muertes que mostraban en única vía todo lo que estaba sucediendo en el país.
El realizador inglés Ken Loach, quien nunca ha alejado su mirada de los conflictos en sus personajes y de la historia, como la guerra civil española con "Tierra y libertad" o el conflicto irlandés con "El viento que agita la cebada", se centra ahora en Irak. Loach nunca deja dudas sobre su postura y aquí no se fija tanto en las razones de la guerra sino en la privatización del conflicto y el poder que se ha dado a empresas de seguridad privadas. Los abusos perpetrados por mercenarios son para Loach la punta del iceberg que muestra la destrucción de la posible legitimidad de una guerra entre gobiernos, los cuales tienen que responder ante el pueblo que los ha elegido de lo que suceda, para convertirse en algo privado, en un negocio turbio en el que los beneficios económicos son su mayor prioridad por encima de las personas, soldados y una idea de mínima justicia.
Para mostrar esta situación Loach construye su película más llena de pirotecnia, tiroteos y explosiones, y también la desarrolla de forma relativamente evidente. "Route Irish" es un thriller con una dirección clara que tiene un objetivo merecidamente atacable pero la clara rabia del director y su personaje central limitan las posibilidades del filme.
Loach sabe componer personajes a la perfección, dotarles de matices y hacerlos creíbles y humanos. Este nunca será su problema pero en "Route Irsih" se centra más en la acción que la introspección de sus personajes. Se obceca en la venganza de su protagonista, haciendo que el filme nunca sea una reflexión y tenga más momentos parecidos a una película de Charles Bronson que al de un filme pensadamente crítico. Además introduce una extraña historia de amor poco adecuada y que en vez de añadir una dimensión más a sus personajes, rompe completamente la dinámica del filme.
Casi todo el peso del filme recae sobre los hombros de Mark Womack, secundario desde hace más de veinte años y poco conocido fuera de sus fronteras que demuestra aquí tener una gran energía y presencia en pantalla. Andrea Lowe y el cómico John Bishop en un papel dramático completan el reparto.
Como es habitual en las películas de Ken Loach, "Route Irish" está sólidamente actuada y además el filme tiene un propósito claro, un espíritu crítico y la voluntad de poner las cartas sobre la mesa. El cine de Loach no admite compromisos y ello le ha ganado todos los respetos y aquí, a pesar de haberse encerrado demasiado en la ira de su protagonista, sabe reivindicar con buen cine un hecho que sucede todavía y que ya parece olvidado. |