Tras ganar un Óscar por un corto, Andrea Arnold dirige su primer largometraje con pulso, una gran atmósfera, unas sensaciones prácticamente palpables y con una historia narrada de forma oscura y magnética. Si bien es cierto que uno de sus componentes dramáticos es seguramente innecesario, el filme se nutre a la perfección de un guión que se muestra y se transmite más que ser telegrafiado con diálogo y de la actriz Kate Dickie, quien construye a un personaje completo y complejo prácticamente sin palabras.
Jackie es una mujer que trabaja para la policía en la ciudad escocesa de Glasgow como operadora de CCTV. Su trabajo consiste en observar un panel con las imágenes de cámaras de televisión ubicadas en un suburbio de la ciudad, atenta a cualquier acto o crimen que pueda prevenir o informar cuando está ocurriendo una. En sus horas frente a ellas presencia robos, asesinatos y también situaciones rutinarias de cada uno de los habitantes de este pequeño núcleo formado por altas torres de pisos. En una de las cámaras aparece un día el rostro de un hombre que no esperaba ver durante mucho tiempo y a través de las imágenes empieza a seguirle.
Ésta es la primera película de lo que se conoce como “The Advance Party”, un proyecto inspirado por el movimiento Dogma95 y su creador Lars von Trier en el que tres realizadores diferentes, Andrea Arnold, Morag McKinnon y Mikkel Nørgaard, van a dirigir cada uno un filme empleando los mismos personajes desarrollados por Anders Thomas Jensen y Lone Scherfig. “Red Road” es la primera de las tres y también es el primer largometraje dirigido por Andrea Arnold, quien se dio a conocer tras ganar un Óscar en 2005 por su corto “Wasp”. La película vuelve a estar completamente inmersa en los suburbios y barrios de protección oficial de Inglaterra, al igual que “Wasp” y su segundo largometraje “Fish Tank”, pero construye una historia mucho más interesante e intrigante que un mero drama social. Su protagonista es una versión de un dios, con una mirada omnipotente sobre el pequeño grupo de ciudadanos que tiene bajo sus ojos y que en algunos casos le provoca simpatía y en otros, lo opuesto. Y a partir de este planteamiento, la directora muestra como esta voyeur se vuelve una figura activa y participativa más de este pequeño universo que estaba observando. Lo más discutible de la película es el lado narrativo de su guión, ya que para hacer mover a su personaje de ser un espectador a caminar por los bares y calles de debajo de las cámaras emplea una historia dramática que funciona y añade una justificación a la complejidad psicológica del personaje, pero que es innecesario para lo que el filme pretende hacer. “Red Road” crea una densa atmosfera urbana de forma magnífica y transmite la tensión y oscuridad de su ambiente y personajes de forma sobresaliente, a pesar de que la historia en la que se mueven y los giros narrativos que promete no acaben de estar a la altura. Pero esta es una película de personajes, emocional y psicológicamente perfectamente construidos y notablemente recreados por sus actores, especialmente por la actriz protagonista Katie Dickie.
“Red Road” no es una película perfecta pero es el debut de una directora que demuestra que sabe cómo mostrar personajes y su lugar en un paisaje urbano, gris y decadente con gran complejidad y sin líneas de diálogos que tengan que contar lo que les está pasado, algo hecho de forma inteligente, con estilo y pulso. |