Dos notables actuaciones, una atrayente premisa y una buena media hora final hacen de esta algo descompensada película independiente un drama interesante e inteligente.
Un asesino a suelo con tendencias filosóficas es contratado para terminar con un jugador compulsivo que acumula excesivas deudas. Éste le deja una última hora más para vivir y poder despedirse de quien quiera, además de poner en orden sus asuntos. Conduciendo por la ciudad, ambos recorren las calles empleando esos últimos sesenta minutos tal y como el perdedor jugador decida, aunque no le es tan fácil encontrar a alguien a alguien a quien quiera dar un último adiós o algo que realmente quiera hacer.
Esta película parte de una idea inicial interesante y resulta en una primera media hora de metraje con gancho. A continuación el guión lleva la historia por desvíos innecesarios y poco importantes, que hacen decaer el nivel del filme. Pero afortunadamente sabe volver a encontrarse en la última parte con secuencias de mayor profundidad y un final con significado. Aparte del atractivo que pueda suponer que la narración se desarrolla más o menos en tiempo real, uno de los elementos a destacar es la actuación de ambos protagonistas, siempre más cautivadora que el guión en sí. Este drama, que básicamente ocurre a base de diálogos en el interior de un coche, es en esencia inteligente y trascendente pero cuenta con varias secuencias muy faltas de ambas cualidades, que no permiten que el filme sea todo lo fascinante ni posea todo el alcance que hubiese podido tener. |