El realizador Oren Moverman presenta un filme centrado en la corrupción de un policía escrito por el conocido James Ellroy que, a pesar de no adentrarse todo lo que podría en su moralmente cuestionable personaje central, sí cuenta con un absorbente Woody Harrelson en el papel central que da toda una lección interpretativa.
Sinopsis: En la ciudad de Los Ángeles de 1999, el policía Dave Brown es uno de los últimos de la vieja escuela, quien intenta mantener unida a su familia y superar los problemas legales que le ha traído su forma de ejercer su profesión, la cual está por encima de la ley.
A partir del año 2000, decenas de millones de dólares fueron pagadas por parte del gobierno de Estados Unidos en concepto de compensaciones para evitar juicios como consecuencia de la actuación de su policía de Los Ángeles. En el año anterior, el 1999 en el cual está ambientado este filme, había estallado uno de los mayores escándalo de corrupción y brutalidad de la historia del cuerpo de policía. En su epicentro estaba el departamento de policía del distrito de Rampart. Ello llevó a una reestructuración, modernización, supervisión y reforma general del cuerpo de seguridad ciudadana. El realizador Oren Moverman, en una nueva colaboración con Woody Harrelson, vuelve a este periodo centrándose en uno de los últimos policías condenados a desparecer .
"Rampart" presenta a un excesivo agente de la ley, corrupto y violento, que se erige como juez, verdugo, con sus propios métodos de interrogación aunque posee unos particulares principios. El gran escritor de novela negra y guionista James Ellroy ya ha demostrado lo bien que se desenvuelve en el terreno de la corrupción policial, ya sea en una época pasada como en "L. A. Confidential" o en la más contemporánea "Dueños de la calle". En esta ocasión su guión no se centra en un departamento o grupo de agentes sino en uno solo, un único ejemplo de un estilo policial a extinguir.
Ello da lugar a una pieza más cercana al estudio de un personaje, el de un hombre detestable pero que al mismo tiempo tiene puntos redentores dentro de su engreída filosofía, quien pasa constantemente los límites y está a punto de perder el control sobre lo que le sucede. Es un descenso al abismo personal, profesional y moral, abocándole a desaparecer en desgracia. El guión hace una loable tarea inicial creando al personaje, el escenario y poniendo las piezas en movimiento pero cuando llega el momento culminante de apretar las tuercas, no consigue la energía ni la profundidad que podría haber presentado. El material al final demuestra quedarse ligeramente corto y se languidece en su último tercio pero Woody Harrelson pone de manifiesto que puede disimular cualquier carencia de la historia.
Su trabajo aquí es electrificante y magnético. El realizador Oren Moverman ya extrajo de él una magnífica interpretación en su anterior película, una demasiado desconocida "The Messenger", la cual le valió a Woody Harrelson su segunda nomiación a un Óscar. Este papel le podría perfectamente suponer la tercera. Gracias a él, el filme posee fuerza y atractivo, al componer de una forma notable a un protagonista que tiene que ser extrañamente empático pero moralmente condenable. Junto a él se encuentran un gran puñado de secundarios de lujo como Sigourney Weaver, un irreconocible Ben Foster, Ned Beatty, Steve Buscemi, Anne Heche o Robin Wright que, al igual que en otros de sus filmes, Moverman parece infrautilizar pero debido a que tienen poco tiempo en pantalla, dan mayor fluidez a la historia y permiten centrarse realmente en el personaje central.
Woody Harrelson es el núcleo de la película y llena su personaje, la trama y el filme de forma soberbia, siendo un frio y sucio retrato psicológico que seguramente se queda algo corto pero el peso de una actuación central lo compensa con creces. |