Esta película de presupuesto muy reducido supera con pericia y buena imagen esta limitación, pero curiosamente falla en el guión, algo no costoso materialmente pero de vital importancia. Éste queda perdido a mitad de metraje y con él todo el desarrollo narrativo.
Ramírez es un joven atractivo, confiado y solitario que vive del tráfico de drogas. Su otra gran afición es seducir a personas, asesinarlas posteriormente y sacarles una foto ya sin vida. Su obsesión por estos encuentros de una noche le llevara a desarrollar su afición a la fotografía pero también a ser victima de su propia falta de sentimientos.
Esta película de cine independiente español es un magnífico ejemplo de cómo un director joven, Albert Arizza, es capaz de construir un buen filme con muy pocos medios económicos. Tiene estética, tensión, tono, buenas actuaciones y una calidad de imagen que, aunque no se puede parecer al aspecto visual de las producciones con más medios, es más que digna. Su labor en dirección, fotografía, montaje y demás es destacada, pero su guión no es capaz de sostener noventa minutos de película. En primer lugar, a partir de la media hora la historia parece perder su dirección, sin saber cómo debe evolucionar el personaje. Cuando lo hace de forma precipitada, este desarrollo queda olvidado en todas las siguientes escenas. La película contiene además demasiados minutos del protagonista conduciendo, que hacen parecer que se han tenido que rellenar de alguna forma el tiempo de metraje. A pesar de todo, “Ramírez” es una película debut que funciona. Apunta buenas maneras y deja ver muestras de talento del actor protagonista pero especialmente del director, pero cuenta con un guión de inferior calidad al resto de sus elementos y, seguramente, una duración mucho menor le beneficiaría, aunque ya no sería un largometraje. |