Amistad, relaciones de pareja y cierta reflexión totalmente superficial son las armas que emplea Vince Vaughn en esta comedia, un filme dirigido con notable planitud por Ron Howard y que contiene algunos destellos de la chispa del actor y un precario guión. Kevin James, Winona Ryder y Jennifer Connelly completan un reparto que evidencia la superior calidad de sus actrices.
Ronny lleva tiempo saliendo con Beth y forman una pareja perfecta. Tras la insistencia de su mejor amigo y socio de trabajo Nick, Ronny decide proponerle matrimonio. Cuando está preparando lo que será la ubicación de su petición, Ronny ve a la mujer de Nick besándose con otro hombre. Ronny tiene entonces un dilema, decirle la verdad directamente a su amigo y arruinar el proyecto de trabajo más importante de sus carreras o esperar a ver como evoluciona la situación.
Con “Quemar después de leer”, los hermanos Cohen completaban lo que ellos bautizaron como su “triología idiota” junto a George Clooney. El actor Vince Vaughn no con cuenta directores como los Coen pero ello no le ha impedido realizar una triología que casi se podría calificar con el mismo adjetivo, en la que, aparentemente y según sus palabras, ha querido indagar en las áreas oscuras de las relaciones de pareja y personales. Esta, hasta la fecha, triología está formada por “La ruptura”, “Todo incluido” y el presente filme “¡Que dilema!” y la única reflexión que plantean al espectador es sí uno encuentra a Vince Vaughn gracioso.
Él es la estrella de la función, con una rapidez de palabra parecida a la de Woody Allen y, sin tener su sagacidad, sí es cierto que tiene mayor carisma en pantalla. Al igual que las otras dos cintas mencionadas, esta es una película concebida alrededor de él y en donde la valoración propia que se tenga de este actor de comedia es fundamental. Lo mismo pasa con Ricky Gervais por ejemplo, y su estilo humorístico. Vince Vaughn y el director Ron Howard, quien vuelve a la comedia tras más de una década y hace una pausa en sus adaptaciones de Dan Brown, construyen una cinta de entretenimiento que funciona con gran fluidez pero que juega demasiado con la banalidad por decisión propia.
El guión escrito por Allan Loeb plantea su situación con dinamismo en la primera media hora y luego pierde mucho fuelle. El filme nunca es hilarante pero la energía inicial se disuelve y la cinta queda estancada. La relación entre los dos protagonistas masculinos es un reflejo de ello y el dilema es patente no si el amigo se enterará de la infidelidad de su mujer sino de cómo se va a producir. Todos los sufrimientos del personaje central son obvios y evidencian que el centro del filme está mal situado. Su discurso sobre la honestidad es cinematográficamente pobre, un contrapunto a la conversación inicial que plantea lo que debería haber sido el énfasis de la película, en la que se habla de si es posible realmente conocer a una persona. A pesar de que el guión contiene suficientes elementos para llevar al filme por ese camino más interesante, Vaughn refuerza el lado de amistad estilo macho y la película sale extremadamente resentida. Como prueba, solo hay que ver el personaje de Queen Latifa.
Quienes salen mejor paradas de esta prueba son Winona Ryder, haciendo su personaje tan poco empático como requiere pero a la vez dándole cierta solidez y, como casi siempre, Jennifer Connelly, una presencia más que bienvenida en cualquier película y quien hace de “¡Qué dilema!” algo incluso entretenido cuando ella está en escena.
Durante el resto del tiempo, simplemente queda Vince Vaughn y su contrapunto Kevin James, quien es algo irritable aunque es una pareja de baile perfecta para Vaughn, un actor que sabe llevar con comodidad una comedia pero cuyos proyectos parecen muchas veces concebidos con la intención de resultar más que superfluos. Sería interesante verle en una comedia que contase con un guión de cierta entidad y con un director, o pareja de directores, con un estilo cinematográfico con personalidad. |