Una catarata continua de secuencias de acción con bastantes efectos digitales es lo que ofrece esta película producida por Jerry Bruckheimer y dirigida por Mike Newell, aunque no por ello ni por su desorbitado presupuesto logra evitar que sea completamente plana y, en demasiados momentos, anodina. Jake Gyllenhaal se estrena como estrella de acción, tan acartonado como Gemma Arterton y Ben Kingsley.
Dastan es adoptado por el rey persa y su familia cuando este era un niño viviendo en las calles y es criado por el dirigente como un hijo más. Tras lograr la conquista de una ciudad sagrada, Dastan es traicionado y culpado falsamente de la muerte de su padre adoptivo. Consigue huir junto con la princesa Tamina, dirigente de la ciudad ocupada, la cual únicamente quiere poner a salvo una daga que ha caído en manos de Dastan, la cual permite volver varios minutos atrás en el tiempo y puede ser utilizada para crear una tormenta de arena mortal que arrasar el mundo.
Cuando un filme lleva el sello del productor Jerry Bruckheimer está perfectamente claro que la película es un blockbuster, teniendo como atractivos y puntales espectacularidad, entretenimiento y diversión. “Prince of Persia” trae a la gran pantalla la saga de un conocido videojuego, al cual el filme respeta con ciertos guiños y manteniendo una historia que sigue los cánones del juego de ordenador, algo esperable teniendo en cuenta que uno es los guionistas es el propio creador del mismo. Lo que no era tan previsible es que con ciento cincuenta millones de presupuesto pudiesen devaluar tanto a una historia, a un director y a un grupo de actores. La película aboga por ser una continua secuencia de acción, sin apenas dar respiro y apoyándose en exceso en acrobacias y en efectos digitales, estos últimos mucho menos conseguidos de lo esperado. Tanto movimiento acaba siendo demasiado, haciendo que uno llegue a perder interés por lo que está pasando. “Prince of Persia” sí trae entretenimiento tal y como promete pero con una idea nula de cómo crear cierta tensión narrativa e incluso en las supuestas escenas espectaculares, y además contiene mucha menos diversión de la que debería. El filme lo dirige Mike Newell, (“Amor en tiempos de cólera”, Donnie Brasco”) sin ningún tipo de personalidad ya que siempre es más patente que es un proyecto de Bruckheimer que suyo. Aparte del productor, la otra estrella de la función es Jake Gyllenhaal (“Brothers”, “Jarhead”) mejor intérprete de lo que aquí demuestra y que parece más preocupado en lucir sus horas de gimnasio que de actuar. Se encuentra acompañado por Gemma Arterton (“Furia de Titanes”, “Radio encubierta”) y por los secundarios de lujo Ben Kingsley y Alfred Molina. En conjunto todos ellos son más figurantes que actores, ya que al no estar la cámara quieta más de dos segundos seguidos, no tienen mucho tiempo para construir sus respectivos personajes. Únicamente Alfred Molina saca agua de un desierto seco en este apartado, algo que vuelve a constatar los múltiples recursos de este actor.
“Prince of Persia: Las arenas del tiempo” sigue el modelo y estilo marcado por la notable “Piratas del Caribe” pero con mayor ritmo, menor diálogo que tenga un mínimo de chispa y con una apreciable planitud general aunque, a pesar de todo, su presupuesto le permite comprar dos horas de aceptable distracción.
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