La multimillonaria franquicia regresa con una cuarta parte proporcionando la misma espectacularidad y parte del divertimento de su primera entrega y mejorando el recuerdo que dejó su última incursión en los cines, aunque tampoco recupera la magia que una vez tuvo. Johnny Depp sigue mostrándose extremadamente cómodo en el papel de Jack Sparrow, a cuyas aventuras se ha unido Penélope Cruz e Ian McShane.
Jack Sparrow se ve forzado a unirse a Barbossa para encontrar la mítica fuente de la juventud, una preciada reliquia que promete extender la vida y objetivo del temido pirata Barbanegra. Este último también necesita de Sparrow y de su mapa, quien en mitad de esta búsqueda se reencuentra con Angélica, una mujer de su pasado que parece ser la hija de Barbanegra, o tal vez no.
Un niño pequeño puede estar subiendo a una montaña rusa hasta marearse, o incluso continuar montándose a pesar de esta incomodidad. Éste debe ser el acercamiento que han tomado los productores de la saga de "Piratas del Caribe", la cual se basa en una atracción de los parques recreativos de Disney y que a pesar de los grandes signos de cansancio que presentaba la franquicia, vuelve a invitar a un nuevo viaje. Para ello ha decidido soltar lastre, principalmente cambiando al director Gore Verbinski responsable de las tres películas anteriores por el musical Rob Marshall y dando por concluida la línea argumental protagonizada por Orlando Bloom y Keira Knightly, cuyos personajes no son ni siquiera mencionados en esta nueva aventura del popular personaje de Jack Sparrow, propiedad de Johnny Depp.
A pesar de los cambios introducidos y de la nueva historia, "Piratas del Caribe: en mareas misteriosas" mantiene los signos de identidad de la saga intactos. El reemplazo en la realización por parte de Rob Marshall, conocido por su dirección de "Nine" y "Chicago", no supone ninguna variación visual, estética o de ritmo. Tampoco se echan en falta a los personajes de Will o Elizabeth, ya que esta nueva trama no los necesitaba en absoluto y las nuevas incorporaciones cubren sus huecos, y nunca hay que olvidar que este es el show de Jack Sparrow, el único irremplazable. Esta cuarta entrega se integra perfectamente con las otras tres aunque presenta evidencias de mejoría respecto a las dos secuelas y especialmente a la última entrega. Ninguna de las continuaciones han llegado a proporcionar una diversión y un entretenimiento mínimamente comparables al del original "Piratas del caribe: la maldición de la perla negra" pero sus dos partes posteriores creaban un cierto deja vú con lo que vivió la triología de "Matrix". Cada continuación resultaba menos satisfactoria que la anterior y la tercera parte, que funcionaba a modo de conclusión, presentaba graves carencias de coherencia, comprensión y parecía hecha más por los productores y contables que por un director y equipo artístico. Esta cuarta andanza de Sparrow deja un sabor de boca mucho mejor que el que dejó "En el fin del mundo" ya que tiene un mejor ritmo, un humor un poco mejor ajustado y su argumento no resulta tan aparatoso, más en línea con el que abría la saga que con el espíritu del más difícil todavía con el que se escribieron la segunda y tercera parte.
A pesar de la evidente mejoría en varios aspectos, esta entrega tampoco logra maquillar la sensación de que la motivación principal para realizar esta película nació de la previsión de beneficios. Al filme le falta cierta alma propia y personalidad, dejando siempre claro que esto es una franquicia y apostando por un filme que a pesar de ser relativamente vistoso e incluso espectacular a pesar del poco inspirado uso del 3-D, no deja de parecer nunca un ejercicio rutinario.
Los más de cincuenta y cinco millones de dólares que ha cobrado Johnny Depp deben haber sido también un buen aliciente para volverse a meter en la piel de Jack Sparrow, un personaje que resulta tan simpático como siempre pero el cual, tras cuatro entregas de casi dos horas y media cada una, sorprende por la nula evolución que presenta. Nada de lo que le ha sucedido en alguna de las películas parece haber afectado mínimamente al personaje, un logro de escritura estática que refuerza la sensación de que esta cinta es simplemente una cinta más de la saga y no un esperado regreso con algo nuevo que contar.
Penélope Cruz es la nueva incorporación femenina, quien ya trabajó con el director en "Nine" e Ian McShane es el malo de la función, el mejor actor de todos, quien sustituye en esta función a Geoffrey Rush, presente en esta nueva estrega pero cuyo personaje se halla en tierra de nadie.
Al final es donde se acaba quedando ligeramente este filme, a mitad de camino entre el destacado entretenimiento que proporcionó la primera entrega y de la voluntad recaudatoria de sus continuaciones, resultando un sólido divertimento por una franquicia que parece funcionar con el piloto automático puesto y que nunca ha recuperado la chispa que presentó en su primer viaje. |