El escritor David Nicholls adapta su propio bestseller para la gran pantalla, presentando una historia romántica, emocional y con cierto atractivo que la directora Lone Scherfig ha plasmado con empatía, teniendo a Jim Sturgess y Anne Hathaway como protagonistas. Lo que es más cuestionable de todo el filme es la propia manipulación emocional presente en la historia en sí , toda una decepción.
Sinopsis: Tras pasar la noche juntos el día de su graduación, Dexter y Emma inician una relación de amistad y afectiva. En la misma fecha de los años venideros se les ve en sus perspectivas vidas, a veces juntos , otras veces no y cómo han evolucionado sus vidas por diferentes caminos.
No hay duda que la novela "Siempre el mismo día", escrita por David Nicholls, ha sido un éxito de ventas a nivel mundial. El recuento de esta relación tanto afectiva como de amistad de una pareja durante casi dos décadas se ganó también elogios como los de Nick Horby que la calificó de "absorbente, inteligente y fantásticamente leible historia". Siempre es difícil adaptar un libro a la gran pantalla, muchos elementos quedan fuera, los personajes quedan peor dibujados y hay partes de la trama que tiene que cambiar por exigencia del guión.
En este caso y algo no siempre habitual, no hay ninguna duda de que esta es la mejor adaptación con la que podría soñar el autor de la novela, ya que es él mismo la única persona que firma el guión. Pese a ello están presentes los esperables recortes, el personaje de Emma sobretodo se simplifica en exceso, no siendo ya una bajista o integrante de un grupo artístico alternativo en el principio por ejemplo, pero el conjunto de la trama se mantiene intacto, incluido su giro final que hizo que muchos lectores sintieran, como mínimo, una frustración por el desenlace.
Sin querer revelarlo en absoluto, este giro argumentativo presente también en el filme marca de igual modo el cómo se aprecia la adaptación cinematográfica. Lógicamente tiene su impacto, conseguirá un efecto en el espectador pero en una película de dos horas en la que se construye desde el principio esta particular historia afectiva entre dos personajes, parece un truco barato.
Si quien vea el filme lo percibe igualmente de este modo, poco importará la química que hayan demostrado los dos actores principales, la facilidad con la que se haya dejado ver, el apreciable encanto que haya tenido la historia o a la amabilidad con la que se han tratado ambos personajes imperfectos. A partir de ese momento, solo invade una sensación de cierta estafa y demasiada manipulación emocional.
La directora Lone Scherfig fue la responsable de otra adaptación literaria recientemente, "An education", un medido filme que contaba no obstante con un notable guión del ya mencionado escritor Nick Hornby. En esta ocasión con "One day" se mantiene su habilidad para mantener un equilibro entre la sensibilidad de los personajes, la historia en sí y el atractivo tono que le caracterizó en su filme anterior. Cierto es que no consigue imprimir la chispa ni el particular encanto de la vez pasada, pero la escritura de Nick Hornby en el guión tenía un peso específico considerable, algo que no está en el guión presente.
Quienes llevan todo el peso de la película son los dos actores principales, con Jim Sturgess capaz de hacer humano y entendible un personaje con múltiples faltas sin que pierda por ello toda su empatía. Anne Hathaway, con acento inglés impuesto y tal vez demasiado atractiva para dar credibilidad a su personaje, vuelve a demostrar que funciona en películas románticas pero lamentablemente su papel tiene mucho menor recorrido y exploración, mostrándose además irregular en diferentes partes del filme.
Lo que sí resulta constante es la fecha en la que transcurre toda la acción, 15 de julio. Poco importa que no parezca verídico que tantos hechos de dos vidas sucedan siempre en el mismo día, este artificio es fácilmente olvidable. Lo mismo y con igual sencillez puede ocurrir con todas las bazas positivas de esta historia romántica a los largo de dos décadas, cuando se ponen todas las cartas en la mesa se olvidan todos sus logros y se reevalúa la forma en la que uno ha sido conducido artificiosamente a un tercer acto altamente cuestionable. |