Con sensibilidad y una atmósfera tan bella como los paisajes de Irlanda que captura, este pausado drama de Neal Jordan encuentra un perfecto equilibrio entre fantasía y realidad durante gran parte de su metraje, creando un destacado sentimiento y estado anímico que se rompe únicamente en su tramo final y por exigencias del guión. Colin Farrell realiza una mesurada y adecuada actuación dentro del buen tono actoral del filme.
Syracuse es un pescador de un pequeño pueblo de Irlanda, divorciado de su mujer y con una inteligente hija que necesita un nuevo riñón. Su vida cambia cuando pesca en el mar a una misteriosa mujer llamada Ondine. Su hija está convencida de que Ondine es en realidad una selkie, una criatura mitológica de los mares del norte que ocasionalmente puede hacerse humana y vivir en tierra firme durante no más de siete años.
Tras la decepción que supuso el intento de fantasía de M. Night Shyamalan y su “La joven del agua”, se han avistado pocas criaturas marinas mitológicas en los cines. El realizador irlandés Neil Jordan consigue hacer algo que Shyamalan no logró, y es de darle a su relato no únicamente un gran componente lírico sino también una gran atmósfera y una sorprendente verosimilitud en su desarrollo narrativo.
“Ondine” es una bella película, en la que los cautivadores paisajes irlandeses con filmados con una gran fotografía y cuya historia contiene un medido sentimiento. Este drama que avanza sin prisas y sin tener un propósito excesivamente claro destaca especialmente por el gran tono que crea, parecido a ese estado de duermevela en el que fantasía y realidad se pueden confundir con facilidad. Neil Jordan crea esta magnífica sensación durante todo su relato de la vida cotidiana de un hombre resignado con su existencia y de cómo un atisbo de algo excepcional le afecta a él y, en consecuencia, a las personas que le rodean. Esta narración la hace con tal sencillez, normalidad y calidez que es imposible no vincularse emocionalmente con lo que le sucede. Además la música del grupo islandés Sigur Rós es el destacado acompañamiento melódico que emplea el filme, fundiéndose perfectamente en el ambiente de la historia.
El hechizo que crea se rompe en su desenlace, algo lógico ya que resulta prácticamente imposible poder cerrar una historia que mantiene un gran equilibrio y gran estadio emocional sin tener que sacrificar alguno de sus elementos. Cualquier final seguramente hubiese resultado insatisfactorio en algún aspecto pero su director y guionista se excede en su elección con un innecesario flashback.
El filme se encuentra protagonizado por Colin Farrell ("Escondidos en Brujas", "Triage"), quien a pesar de su denso acento en la versión original sabe emanar simpatía, nostalgia y tristeza en perfecta sintonía. La prácticamente desconocida Alicja Bachleda encarna al enigmático y a la vez frágil personaje de Ondine, cumpliendo de forma notable con su rol. La joven Alison Barry es la revelación interpretativa del filme, el cual cuenta con uno de los habituales intérpretes del director, Stephen Rea, en un amable papel.
“Ondine” tiene la gran cualidad que el tono de sus interpretaciones está en magnífica armonía con la atmósfera de la película, la cual consigue crear un destello mágico y casi poético que únicamente se apaga cuando la realista necesidad de tener que darle un final a este cuento se hace inevitable. |