Esforzándose durante todo el metraje en mantener un ritmo alto con continuos giros de guión y excesos narrativos, esta película intenta imitar a otros filmes en los que se mezcla crimen, comedia negra y un guión dinámico, pero no pueede evitar acabar siendo recargada y plana.
Barkley es un joven que está intentando acabar su tesis doctoral sobre canivalismo. Sin que nadie se lo espere, su egocéntrico padre gana el premio nobel de química. La noche antes de ir a Suecia para acompañarle a la ceremonia de recepción del galardón, conoce a una extravagante poetisa con la que se queda hasta la mañana siguiente. Levantándose tarde e intentando llegar a tiempo al aeropuerto, Barkley es secuestrado por alguien que sabe hechos coultos en su vida y la de su progenitor.
La chocante escena inicial en la que se ve la amputación de un pulgar intenta ya impactar y sentar un tono. Lamentablemente está fuera de toda lógica ya que no casa ni con la estética ni con la menor dureza del resto de la película. Es el primer intento de sorprender al espectador y ya tenerlo en tensión preguntándose que más pasará. Este esfuerzo es una constante, ya que el filme intenta mantener ese suspense e incertidumbre con giros narrativos continuos y empleando también varias extravagancias. A medida que avanza la acción, todos ellos resuenan cada vez con más fuerza a artificios innecesarios, recargados, y que están ahí no por un buen desarrollo de la historia si no como único recurso disponible, ya que la película no tiene mucho más. A pesar de contar con Alan Rickman y otros nombres conocidos en papeles secundarios, son meras presencias más que actuaciones. “Nobel Son” podría haber sido un filme que se disfrutase enormemente, si en vez de imitar un modelo, hubiese sabido encontrar con mayor coherencia su propio ritmo y tonos narrativos. |