Sin ser mediocre pero acercándose en exceso, esta película no puede esconder que en el fondo es una comedia romántica de y para adolescentes, pero al menos está hecha con un mínimo de calidad.
Una pareja de diecisiete años cada uno que viven en Nueva York y tienen una pobre vida sentimental. Una noche se conocen en el concierto de uno de ellos. Recorren juntos la madrugada buscando el misterioso concierto de una banda de culto e intentando encontrar a una amiga perdida por la ciudad. A medida que pasan las horas y las situaciones, la conexión y sentimientos entre ambos se hacen cada vez más fuertes.
El guión está construido a base de coincidencias argumentales inverosímiles y una serie de clichés típicos de las comedias románticas de adolescentes. Es un poco más inteligente de la media a la que este género nos tiene acostumbrados, pero no aporta nada nuevo. La pareja protagonista funciona y son actores más que correctos si se obvia el hecho de que es imposible que por aspecto y especialmente por actitud pasen por gente de diecisiete años. Esta es otra película más con una historia blanda y tonta, que tiene un cierto encanto que permite que se deje ver, la cual, tal y como en su título promete, su buena pero no espectacular banda sonora es mucho mejor que el filme en sí. |