Basándose en el best seller escrito por Kazuo Ishiguro, el director Mark Romanek presenta una historia de amor y pérdida sobre un escenario narrativo que presentaba muchas más posibilidades y que podía haber resultado en filme de gran inteligencia, en vez de simplemente románticamente dramático. Carey Mulligan, Andrew Garfield y Keira Knightley son los tres sólidos protagonistas de la película.
Kathy, una joven de treinta y pocos años recuerda su infancia en un internado idílico ubicado en la campiña inglesa. Ella y sus dos mejores amigos, Tommy y Ruth, crecieron juntos allí y continuaron conviviendo algunos años después de cumplir la mayoría de edad. El romance entre dos de ellos y el amor no correspondido de la tercera persona marcó tanto su niñez como su vida adulta. Crecieron además aislados del mundo exterior y creyendo que eran especiales, ya que su destino no era como el de otros niños, ellos al igual que sus compañeros de colegio, estaban hechos para abastecer a la sociedad.
Viendo el guión escrito por Alex Garland, no es difícil adivinar que la novela de Kazuo Ishiguro contiene no únicamente una historia sensible y romántica sino también bastantes preguntas morales y cuestiones sobre la definición de ser humano y cuáles son sus límites. En esta adaptación cinematográfica, la inevitable condensación de páginas ha resultado en una historia dramática pero que pierde casi por completo toda su carga intelectual y peso. Se mantiene el escenario pero para el director Mark Romanek (“Retratos de una obsesión”) es mucho más interesante el triángulo amoroso entre los tres protagonistas que adentrarse en cuestiones algo más filosóficas.
La definición de lo que es un ser humano, el precio que la sociedad está dispuesta a pagar por su bienestar o cómo ver si se tiene un alma son elementos que si se hubiesen explorado, podrían haber hecho de “Never Let Me Go” una experiencia fascinante. En vez de eso, se ha potenciado el amor no correspondido y la inevitabilidad románticamente trágica de la historia, rodada con cierto gusto y estilo pero sin toda la carga que ésta tiene. El filme se mueve siempre sobre terrenos conocidos y a la buena paleta de colores empleada y a su apreciable cinematografía hay que sumar un tono melodramático, un empleo excesivo de la música como instrumento manipulador de emociones, un desarrollo sin sorpresas una vez pasada la revelación a media hora de metraje y un final esperable.
El filme cuenta con tres actores que lucen en pantalla y de gran solvencia. Carey Mulligan (“An education”, “Wall Street: el dinero nunca duerme”) es una más que apreciable protagonista y que va camino de ser una de las más conocidas intérpretes de su generación. Andrew Garfield (“La red social” y próximo Spiderman) se compenetra perfectamente con ella y Keira Knightley (“En el límite del amor”, “La duquesa”), sin tener demasiado tiempo en pantalla, es un buen comodín. La película tiene además a Charlotte Rampling y Sally Hawkins en dos roles secundarios.
“Never Let Me Go” es un agradable drama romántico, con tres protagonistas que saben llenar la pantalla y con una historia que tiene cierta sensibilidad y emoción, pero no la fuerza y carga que tení a la novela en la que se basa y a la cual la película pretende ignorar. |