Esta exploración del mundo musical underground en Irán a través de personas, grupos y lugares reales es un apasionante y a la vez sobrecogedor relato documental de un grupo social en busca de una libertad artística que no tiene. Con muy pocas posibilidades de ser estrenada en su país de origen, esta vibrante película es un reconocimiento a una generación completamente presionada y hasta la fecha, sin rostro internacional.
Negar y Ashkan son dos jóvenes iraníes que tiene un grupo musical y cuya meta es tocar en Londres. Pero la preparación del viaje no es tan fácil ya que tienen que solucionar el problema de sus visados y reconstruir a su banda diezmada por las bajas de miembros que ya han conseguido salir al extranjero por otros medios. A través del propietario de un estudio de grabación conocen a Nader, una persona con contactos variados como falsificadores de pasaportes y visados y quien les lleva por diferentes lugares para ver grupos clandestinos de todos los estilos musicales que posiblemente les puedan ayudar.
Esta película se tiene que ver desde el marco que en Irán está prohibida toda la musca decadente, de estilo occidental y las solistas femeninas. Dentro de estas restricciones han aflorado una gran variedad de grupos que cantan tanto en inglés como en farsi y que intentan seguir haciendo su música buscando cualquier lugar en el que puedan tocar, rodeando los obstáculos y siempre pendientes de que pueden ser arrestados en cualquier momento. “Nadie sabe nada de gatos persas” recorre todo el panorama musical iraní alternativo, underground y en consecuencia ilegal. El puñado de grupos escogidos por el director Bahman Ghobadi cubren prácticamente todos los estilos musicales posibles, desde hip-hop, jazz, indie rock, heavy metal hasta fusión más tradicional, los cuales representan a los más de dos mil grupos clandestinos que el director calcula que hay en Irán. La película es especialmente un tributo a estas personas que persiguen su libertad artística a pesar de toda la presión que tienen en su contra. Inteligentemente el director no convierte su película en un panfleto político y reivindicatorio sino que rinde un melancólico homenaje a una generación que busca una libertad de expresión personal, más allá de ideologías políticas y transmite toda la fuerza, pasión, frustración que contienen las letras de las canciones y sus cantantes. Rodada prácticamente como un documental de guerrilla, cámara en mano y sin permisos, una pequeña estructura narrativa sirve de soporte a Bahman Ghobadi para mostrar el rico panorama cultural que esconde Teherán y su realidad a través de personas, grupos, extraños e improvisados locales de ensayos e historias personales reales. Dentro de esta apasionante visión únicamente su final narrativo no está al mismo nivel que su vibrante y a la vez desoladora captura de la realidad que muestra pero prácticamente es imperceptible una vez se está inmerso dentro de la energía y tristeza que esta película emana a partes iguales.
“Nadie sabe nada de gatos persas” crea unos enormes puentes con la sociedad occidental, no únicamente a través de la música y su estilo cinematográfico sino mediante un retrato generacional que explora las semejanzas sociales más que las diferencias y acerca una variedad cultural prácticamente escondida en la clandestinidad iraní con la que es prácticamente imposible no identificarse. |