Con emotividad, el director Nick Cassavetes entrega un drama cargado de humanidad que, a pesar de sus momentos de manipulación emocional, consigue transmitir las tragedias de los diferentes miembros de esta familia marcados por la enfermedad de uno de ellos. El guión funciona de forma notable a nivel de personajes pero es una pena que abandone su cautivador dilema moral inicial a mitad de metraje, creando un vacio en la historia que no se llena en ningún momento.
Anne Fitzgeral es una niña de once años que contrata a un prestigioso abogado para que logre su emancipación médica de sus padres. Anne fue una niña concebida in vitro para ser un donante perfecto para su hermana mayor Kate, a quien le fue diagnosticada una leucemia con dos años de edad. Ahora la situación es más grave y tiene que donar un riñón para que su hermana pueda vivir. A pesar del amor que siente por ella, dice que no. El proceso legal divide a la familia y afecta especialmente a la madre, quien siempre ha luchado con todas sus fuerzas por salvar a su hija enferma.
Nick Cassavetes se vuelve a reunir con el guionista Jeremy Leven tras el éxito que tuvieron con “El diario de Noa” (The Notebook) (2004) y vuelve entregar un melodrama altamente emotivo. La película empieza con una cuestión ética cuando la hija pequeña rehúsa continuar donando partes de su cuerpo a su hermana mayor dentro de una familia que lleva muchos años sufriendo y se encuentran dominados por una madre obsesionada con su hija enferma. Tras el planteamiento de la crisis, Nick Cassavetes les da tiempo y espacio dentro de la narración a cada uno de los personajes que componen esta familia, cada uno de ellos es explorado y escuchado con sensibilidad. La cuestión inicial se va diluyendo progresivamente hasta que únicamente queda un drama puro de ver a una joven enferma deteriorarse gravemente mientras que su madre no puede aceptarlo. Cassavetes sabe en todo momento cómo tocar la fibra sensible y en algunos momentos fuerza en exceso la lágrima, pero es innegable que lo hace de forma inteligente y con bastante profundidad. Dentro de estos excesos también está el de rodear a los personajes principales de secundarios con problemas parecidos, como el abogado epiléptico o la juez que ha perdido a un hijo, demasiadas tragedias como para que estén todas en una misma habitación. Estos personajes secundarios, interpretados por Joan Cusack y Alec Baldwin, añaden una nueva capa a la historia completamente innecesaria y que la recarga sin justificación. Todo el peso está en el juego de relaciones de la familia, que cuenta con una entregada interpretación de Sofia Vassilieva en el papel de la hija enferma que hace sombra en muchos momentos a la actriz principal Cameron Diaz, quien le pone tanta pasión que en demasiados momentos le falta matices y cae en la sobreactuación. La película también cuenta con la joven Abigail Breslin, conocida especialmente por sus papeles en “Pequeña Miss Sunshine” y “Bienvenidos a Zombieland”, además de Jason Patric en el papel de padre.
“La decisión de Anne” cuenta con unas buenas interpretaciones que permiten a su director explorar de forma notable los diferentes matices de sus personajes dentro de un drama que decide perder uno de sus componentes más interesantes, la cuestión planteada al principio, para reforzar el componente puramente emocional. |