Queriendo ser siempre una comedia agradable y amable, “Morning Glory” desaprovecha la oportunidad de poder destacar si hubiese empleado un humor menos fácil y seguro pero en ningún momento resulta un mal entretenimiento. Harrison Ford, Rachel McAdams y Diane Keaton elevan con gran soltura un guión menos inspirado que ellos, irradiando chispa y química entre ellos.
Becky Fuller es una productora de un programa matutino en Nueva Jersey que acaba de ser despedida. Tras buscar incansablemente un nuevo empleo, consigue un puesto similar dentro de una cadena nacional en un programa llamado “Daybreak”. Sus niveles de audiencia son malos y su futuro dudoso. En su primer día despide a uno de los co-presentadores y cree haber encontrado al perfecto reemplazo en Mike Pomeroy, un veterano reportero político completamente opuesto al tipo de televisión que Becky y “Daybreak” representan.
En un momento de la película, la productora ejecutiva protagonista del filme le dice al personaje interpretado por Harrison Ford que el debate de realizar en televisión puro entretenimiento versus contenidos con más peso lleva años estando y que su lado ha perdido. Es prácticamente una realidad que “Morning Glory” ha aplicado a rajatabla. La película apuesta por la comedia ligera, amable y bienintencionada, perdiendo expresamente toda la ironía, humor negro y crítica que su planteamiento ofrece. Al final resulta en una agradable comedia, dominada por destacados actores y tan olvidable como muchas de las noticias que se presentan en los programas matutinos de televisión como “Daybreak”.
El filme tenía todos los ingredientes para convertirse en una de las comedias sorpresa del año pero resulta excesivamente plana al siempre intentar apostar sobre seguro y seguir siempre la senda marcada por la convencionalidad. Ello no quiere decir que la cinta no sea divertida en bastantes de sus partes, especialmente en el tramo final, pero a pesar de resultar todo momento demasiado esperable, le falta un buen punto de mordacidad. El director Roger Michell, responsable de títulos como “Notting Hill” o la infravalorada “Venus”, entrega una comedia fácil de ver y agradable pero su esfuerzo por alejarse de cualquier atisbo de sustancia o sátira sobre los contenidos en los medios de comunicación resulta excesivo. Es algo similar a lo que le sucedía a “El diablo viste de Prada”, película con la que “Morning Glory” comparte muchas similitudes y ello no es una coincidencia, ya que ambas han sido escritas por Aline Brosh McKenna.
Uno de los elementos más destacables del filme es su reparto y el encanto que este proyecta. Se encuentra encabezado por Rachel McAdams (“Sherlock Holmes”, “Más allá del tiempo”), quien demuestra tener una gran habilidad para un estilo de comedia normalmente dominado por actrices como Sandra Bullock o Julia Roberts. Tiene que medirse con dos actores de peso como son Harrison Ford y Diane Keaton y prácticamente sale como la ganadora de la contienda. Su chispa no acaba de dominar completamente y ello es gracias a Harrison Ford, quien realiza su mejor papel en bastantes años. Su regreso a la comedia tras la fallida “Hollywood Homicide” de 2003 (ello si no se considera a Indiana Jones IV como una parodia) no trae grandes sorpresas en su capacidad interpretativa pero si un buen recordatorio del peso que su presencia puede tener. Además tiene una gran química con Diane Keaton, actriz que lamentablemente se encuentra excesivamente poco utilizada. Una pena, ya que los mejores momentos son los mordientes diálogos que mantiene con Harrison Ford.
“Morning Glory” se encuentra magníficamente sustentada por todos sus actores, quienes dan un dinamismo y una fuerza a la película que de otra forma le hubiera sido imposible de tener. Siempre es una comedia que juega sobre seguro pero en todo momento es entretenida, algo que tal vez con otros intérpretes y más a merced de un guión con poco pulso hubiese sido difícil de lograr. |