Con dificultades para ser estrenada, esta película que recrea a la mítica figura del toreo y en especial a su tormentosa vida sentimental tiene una correcta presencia pero menguante contenido a medida que pasan los minutos, no compensando la larga espera creada. La producción internacional liderada por el director Menno Meyjes cuenta con Adrien Brody como protagonista, quien a pesar de su parecido físico tiene poca credibilidad encarnando al matador, y con Penélope Cruz acompañándole.
Manuel Rodríguez Sánchez, conocido popularmente como Manolete, es el torero más popular de la España de los años cuarenta. De camino a su última corrida en Linares, el matador recuerda varios pasajes de su vida y especialmente los relacionados con Lupe Sino, su amante. Ambos vivieron una complicada y tormentosa relación que además fue públicamente conocida, siendo desaprobada por sus seguidores al ser considerada ella una mujer de cuestionable moral.
Desde que se terminó su rodaje, esta película ha sido marcada por problemas y cierta controversia. Ello no viene principalmente por parte de grupos antitaurinos que ven problemático el ensalzar la figura de un matador sino por la propia producción del filme. Juicios, embargos e interminables cambios en la fecha de estreno han sido lo que más se ha conocido de este filme durante los últimos tres años. Finalmente ha visto algo de luz, siendo estrenada primero en Francia con más pena que gloria, lanzada directamente en DVD en Inglaterra bajo el título “The Passion Within”, mientras que en España se ha seguido posponiendo su estreno.
Con un presupuesto de más de veinte millones de euros, una cifra considerable en el cine español, “Manolete” tiene un buen aspecto, ambientación y un estilo, en apariencia, de calidad. La figura del mítico torero siempre ha poseído además un gran atractivo para el público hispano parlante pero lamentablemente el filme carece de un guión con cierta entidad. Escrita y dirigida por el realizador holandés Menno Meyjes (“El niño de Marte”, “Max”), “Manolete” presenta un cúmulo de obviedades, simplificaciones y un estilo que recuerda demasiado al de una telenovela de sobremesa.
El filme pivota alrededor de la complicada relación del torero con su amante, enlazando flashbacks y avanzando en una narración a momentos confusa. Los dos personajes son estáticos, planos y es remarcable la pasividad y falta de personalidad de su protagonista. A pesar de las pretensiones de su director que la relación entre ambos tiene algún trasfondo, interés o incluso humanismo, lo cierto es que este drama tiene poca sustancia y muy mala reconstrucción de una figura real, haciendo que el filme desprovisto de armas juegue la carta fácil que recrearse en el trágico final que tuvo Manolete.
Dentro de la atmósfera generalizada de tedio que domina la película, el actor Adrien Brody (“El pianista”, “Predators”) alimenta el poco pulso del filme, aunque físicamente da el tipo y en algunos momentos deja ver parte de sus tablas en el escenario. Su presencia puede ser un tirón para la taquilla pero obliga a que el filme sea en inglés y que el torero nacido en Córdoba hable con un denso acento neoyorquino. Ello le sirve a Penélope Cruz (“Los abrazos rotos”, “Vicky Cristina Barcelona”) para explotar su spanglish con acento español. La actriz le da algo de chispa a su personaje pero la encarnación del actor estadounidense es tan lánguida y amortecida que poca vida aparece en pantalla. El reparto lo completan un estático Santiago Segura y Juan Echanove.
Este “Manolete” nunca acaba de ser creíble y su confusión lingüística es un añadido más a una película que se deja ver pero que nunca sabe cómo aproximarse ni a la persona que recrea ni a sus relaciones personales, siendo una mera fotografía hecha con una buena lente pero sin saber cómo disponer de un contenido. |