La realizadora Lisa Cholodenko presenta una convencional crisis de pareja de una familia atípica norteamericana con un destacado humor e inteligencia, resultando el filme en un divertimento enormemente disfrutable que además sabe integrar el pequeño drama que contiene a la perfección. Julianne Moore, Annette Bening y Mark Ruffalo sobresalen con su trabajo interpretativo tanto individual como colectivamente, gracias a su gran nivel y sintonía.
Nic y Jules llevan juntas muchos años en una relación. Tiene en común dos hijos, concebidos gracias a la inseminación artificial y fruto de un único donante anónimo. Cuando uno de los hijos cumple dieciocho años, los dos hermanos deciden contactar a su padre biológico y la aparición de esta impulsiva figura en sus vidas sacará a la luz las imperfecciones y el cansancio de la convivencia entre Nic y Jules.
Habitualmente Hollywood se ha comportado de acuerdo a su estereotipo en el cual presenta cambios y avances sociales con bastantes años de retraso. “Los chicos están bien” no supone la primera introducción de ninguno de los elementos que contiene pero sí resulta la constatación de que finalmente es posible tratarlos con normalidad y alejados del fácil cliché en el que ha caído en innumerables ocasiones. En un momento del filme, uno de los personajes hace un brindis “por una familia no convencional” cuando están todos reunidos alrededor de una mesa y esta película tiene el mérito presentar a esta familia como si fuese convencional, ya que realmente lo es a pesar de sus peculiaridades. Y además lo hace empleando la comedia inteligente, una rareza dentro del género.
Se podría decir o no que las dos principales protagonistas del filme son una pareja lesbiana, aunque su sexualidad poco importa. Son un matrimonio que lleva muchos años de vida en común, algo cansado de su relación y con dos hijos que quieren conocer a su padre biológico. A través de ironía, agudo diálogo, un medido tono y una apreciable profundidad psicológica y dramática en los personajes, “Los chicos están bien” explora las relaciones afectivas entre sus miembros y a ellos mismos con gran fluidez, elegancia y chispa.
Aparte de un guión perfectamente escrito y medido por parte de Stuart Blumberg y Lisa Cholodenko, quien también dirige el filme con sencillez y alguna escena excesivamente alargada, gran parte de la fuerza que presenta la película es gracias a la interpretación que entregan sus actores.
Julianne Moore y Annette Bening son simplemente fantásticas. Resulta difícil de creer que ambas actrices no llevan varias décadas viviendo juntas. La naturalidad con la que recrean su relación, la facilidad con la que entregan la multitud de sobreentendidos dentro de una pareja y la química que tienen una con otra está al alcance de pocos intérpretes, quienes en ningún momento abusan del tono ligero del filme. Mark Ruffalo completa el trío protagonista con una actuación que en apariencia parece sencilla pero que en realidad no lo es. El actor encuentra rápidamente el equilibrio en su personaje y lo mantiene en cada secuencia. Mia Wasikowska y Josh Hutcherson son los dos hijos que, dado el título, deberían haber sido algo más protagonistas pero fácilmente quedan eclipsados por Moore, Bening y Ruffalo.
Al final, “Los chicos están bien” es una película sobre una pareja en crisis, divertida en muchos momentos y dramática en otros, que siempre sabe mantener su encanto y su chispa aunque la facilidad con la que trata el tema pueda hacerla rápidamente olvidable, pero el calibre de las interpretaciones que contiene no lo es tanto. |